Un abrazo y una sonrisa. Una mirada de profundo cariño, sin nada que ocultar. Al llegar a República Dominicana, por acciones de mi actual cargo frente al FIAVL, observé al llegar al punto de encuentro a aquel señor alto, de barba blanca como una nube y boina de paja. Solo algo bueno podía esperarse.
Cuando la impotencia y la frustración de vivir realidades que uno desearía cambiar asoman, llega un rayo de luz que, con su legado, se ha erigido en una leyenda en una isla que parece respirar felicidad: el señor Freddy Ginebra. Un incansable trabajador de y para la cultura. Recorriendo caminos inesperados, ha logrado, a través de la esperanza y la ilusión, mover corazones y ejecutar acciones en pro del desarrollo cultural de República Dominicana. No solo me sorprendí al ver murales con su imagen, cuadros y reconocimientos en diversos espacios, o su emblemática «Casa de Teatro», que hoy celebra 50 años. Fue conmovedor observar cómo todos quienes a su lado transitan, desean darle un abrazo, tocarlo y conversar con aquel ícono que exhala el lado más hermoso de la vida.
En pocos días de haber compartido en su natal isla, he captado el espíritu de ver en las adversidades lo bueno y grato de la vida. Freddy es un ser extraordinario, que con un ritmo inquebrantable mueve montañas con solo hablar al aire. Ese aire rápidamente insufla vida al deseo de contribuir, porque quien lo conoce, sabe de las nobles intenciones de sus actos.
Su historia no es solo una amalgama artística y un derroche de talento en la televisión, la actuación, la literatura o la gestión cultural; es una historia de muchos que han sido impulsados a través de su espacio. Un hombre que cuenta con más GRACIAS que canas. Quisiera tener un amigo como él a mi lado 24/7, que me recuerde con su ejemplo que la vida es para vivirla, pero, sobre todo, para celebrarla.
Freddy Ginebra no solo ha sido una plataforma y escenario para figuras consagradas de la cultura, sino que también ha contribuido de manera discreta y altruista al desarrollo cultural de artistas emergentes. Su apoyo ha sido crucial para aquellos que inician su camino y necesitan un espacio para expresar su talento. La «Casa de Teatro» se ha convertido en ese refugio donde numerosos artistas han hallado una plataforma para crecer y evolucionar, desde Santo Domingo, hacia toda la República Dominicana y el mundo.
Ginebra ha sabido identificar y valorar el potencial de los nuevos talentos, ofreciéndoles oportunidades para destacar en un entorno que fomenta la creatividad y el arte. Su compromiso con la cultura no tiene límites, y su dedicación ha dejado una marca imborrable en la vida de muchos jóvenes artistas que, gracias a su apoyo, han podido realizar sus sueños y enriquecer el vibrante tejido cultural de la nación. Este querido personaje ha enfrentado numerosas adversidades a lo largo de su carrera. Desde los desafíos económicos hasta las críticas y obstáculos burocráticos, o adversidades de salud, siempre ha mantenido una visión clara y una pasión inquebrantable por la cultura. Su capacidad para superar estas dificultades y continuar promoviendo el arte es un testimonio de su fortaleza y determinación.
Reflexionando sobre la contribución de Freddy Ginebra, es evidente la necesidad de contar con más personas como él en nuestra sociedad. Su generosidad y dedicación al arte y la cultura no solo benefician a los artistas individuales, sino que también fortalecen nuestra identidad cultural y promueven un sentido de comunidad. Tener más individuos comprometidos con el impulso desinteresado del talento emergente podría transformar la manera en que valoramos y apoyamos el arte, creando un entorno donde la creatividad y la innovación florecen. Es en estos gestos de altruismo y dedicación donde reside la verdadera riqueza cultural de una sociedad.
Gracias, Freddy Ginebra, por sembrar esa luz de cosas buenas. Mañana no te olvidaré, porque el tatuaje de los buenos momentos es eterno.
