El sacerdote Leonidas Proaño

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Continuamos con la presentación de la vida de Monseñor Leonidas Proaño. En el presente artículo les ofrecemos una síntesis de las actividades realizadas por Monseñor Proaño, junto con otros sacerdotes de Ibarra, en sus años como sacerdote.

“Inquietudes de organización de grupos nacieron en mí desde los últimos años de estudios secundarios. Quienes fuimos más amigos entre los compañeros de curso, intentamos organizarnos como un grupo de ensayistas literarios… Recuerdo también que formé parte de un club deportivo que llevó el nombre de Simón Bolívar.

Mi primera experiencia en la organización de grupos se realizó en las primeras vacaciones de estudiantes en el Seminario Mayor de Quito. Cuando regresé a mi pueblo, tomé la iniciativa de invitar a un grupo de jóvenes, con el que constituimos el Centro Cultural.

Poco a poco fuimos descubriéndonos con inquietudes semejantes algunos estudiantes del Seminario Mayor de Quito… Cuando íbamos de paseo reglamentario… Cada cual traía consigo el libro que estaba leyendo. Hacíamos resúmenes y comentarios de nuestras lecturas… Así, nació la idea de publicar para conocimiento interno, una revista. No necesitábamos pensar mucho para bautizarla con el nombre de Excelsior.

Otra experiencia muy significativa de grupo se realizó al poco tiempo de haber sido ordenados sacerdotes antiguos compañeros del Seminario Menor de Ibarra… Éramos cuatro. Por disposición del señor Obispo, nos quedamos a trabajar en la ciudad de Ibarra como profesores y capellanes… como éramos cuatro y se nos veía siempre juntos, el pueblo nos puso el nombre El Cuadrilátero.

Cuando regresó Carlos Suarez Veintimilla, me invitó a ocupar un departamento de su casa. Esta circunstancia facilitó muchísimo la labor conjunta en la promoción de la JOC… El movimiento jocista fue para mi otra valiosa experiencia de grupo. Allí aprendí a respetar el pensamiento ajeno. Aprendí, sobre todo, el proceso de su método: Ver, Juzgar y Actuar.

La amistad es fecunda. El cuadrilátero produjo por un lado un gran movimiento obrero de adultos y, por otro lado, el movimiento jocista… Carlos Suárez Veintimilla y yo, después de haber constatado la necesidad de una librería de orientación católica… Como demostración del afecto que guardábamos al fundador de la JOC, el entonces canónigo José Cardijn, le pusimos el nombre de Librería Cardijn.

Juntos, en nuestras frecuentes reuniones, empezamos a soñar en un periódico que fuera un instrumento de esa gran ambición de apoderarnos de la ciudad para Cristo… Al cabo de pocos meses, nos creímos en posibilidades de sacar a luz el periódico como seminario. Di entonces los pasos que había previsto. Obtuve el permiso del señor Obispo. Hablé con los sacerdotes amigos tanto del grupo Cuadrilátero como otros. Aceptaron la invitación con mucho entusiasmo. Nos distribuimos el trabajo. Discutimos acerca del nombre que debía llevar el periódico. Se sugirieron muchísimos nombres. Al final, se optó porque se llamara La Verdad… vio la luz pública el semanario La Verdad el 14 de mayo de 1944.”