P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ
La Iglesia celebra este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad. Nos unimos a la oración por los hombres y mujeres que consagran su vida a la oración contemplativa y al trabajo en los monasterios del mundo. San Agustín, cuando profundiza en el Misterio de Dios, Uno y Trino, dice: “Dios es una unidad absoluta de naturaleza y una Trinidad de personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), unidas por el amor”. De esta manera, Dios es la esencia suprema con tres dimensiones muy unidas entre sí: Amar, Conocer y Ser, que nos llevan a tres analogías: memoria, entendimiento y voluntad.
Dios creó todas las cosas por amor; infundió en el hombre su aliento de vida, lo hizo a su imagen y semejanza con poder y autoridad para gobernar la tierra, poblarla y multiplicar su descendencia. Dios conoce al hombre, su fragilidad y su fortaleza. Lo guía por el camino del bien. Dios, Uno y Trino, confiere su identidad al hombre, es la razón de su vida y la luz de su existencia. Uno de los soportes existenciales de Agustín podemos descubrirlo en esta reflexión antropológica: «Tú ves la Trinidad cuando ves el amor». El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que es “la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la «jerarquía de las verdades de fe». «Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo».
Fortalecemos la riqueza de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia con la eclesiología de Benedicto XVI: “Contemplamos la Santísima Trinidad tal como nos la dio a conocer Jesús. Él nos reveló que Dios es amor «no en la unidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia»: es Creador y Padre misericordioso; es Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación final. Tres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente”. San Pablo, en la Segunda carta a los Corintios nos invita a vivir en la libertad de los hijos de Dios con alegría en el trabajo honesto, en la práctica de la caridad y las buenas relaciones humanas, para fortalecer la paz y la armonía. Los dones del Espíritu Santo, son vínculos necesarios que nos ayudan a recibir y compartir frutos de esperanza para un mundo más humano. Con San Juan reconocemos el amor sin límites de Dios que nos entrega a su Hijo Único, para que no perezca quien cree en Él porque ha ganado la vida eterna.
