
Las recientes elecciones presidenciales en Colombia han despertado un intenso debate. En Loja, una ciudad que alberga a una activa comunidad de residentes colombianos y los lazos comerciales con el vecino país son estrechos, el proceso electoral se vive con una mezcla de expectativa, nostalgia y, sobre todo, preocupación por el rumbo económico y social de la región.
Circunstancias
Tras el cierre de las urnas en la primera vuelta del pasado domingo 31 de mayo de 2026, las opiniones en las calles lojanas reflejan la profunda polarización que vive el pueblo colombiano. Los votantes e interesados se debaten entre la continuidad del proyecto de izquierda con matices de reforma de Iván Cepeda, y el retorno a políticas de mano dura y libre mercado con la derecha de Abelardo de la Espriella.
Para una parte de la comunidad colombiana en Loja, enfocada en los sectores de servicios y comercio, el principal anhelo es la estabilidad institucional y la seguridad jurídica.
“Seguimos los acontecimientos desde lejos. Queremos un gobierno que recupere el orden público. Sin seguridad, los negocios familiares quiebran y la migración seguirá aumentando», comenta Carlos Reyes, comerciante de calzado nacido en Medellín y residente en Loja desde hace ocho años en Loja.
Él no oculta su afinidad por propuestas de la derecha, argumentando que el país necesita un incentivo fuerte a la inversión privada. “No deseamos un Estado donde la corrupción sea el sinónimo de efectuar obras, aunque tampoco considero que gobernar sea quejarse de los anteriores mandatarios”, añadió.
La colombiana Jessenia Roca, puntualizó a Crónica que “Colombia no puede volver al ciclo de violencia del pasado. El futuro del país depende de que se resuelvan las causas de la pobreza en el campo, además, llevarse bien con los países vecinos para trabajar en una cooperación que lleve a combatir la inseguridad, pobreza, el tráfico de droga, contrabando, entre otros delitos que afectan la económica de las naciones”.
Los ciudadanos lojanos tampoco son ajenos al proceso electoral del vecino país. “Como ecuatorianos, nos interesa que gane quien garantice estabilidad económica y un control firme de la delincuencia organizada», explicó Mariana Carrión, propietaria de un negocio de textiles. “Si la economía de Colombia se desestabiliza, el peso cae y el comercio en nuestra frontera sur sufre las consecuencias por la pérdida de competitividad de nuestros productos dolarizados»”, enfatizó.
A pesar de las marcadas diferencias sobre quién debería regir los destinos de la Casa de Nariño para el periodo 2026-2030, existe un punto de encuentro unánime entre ecuatorianos y colombianos en Loja: el deseo de paz y reactivación productiva.
Los residentes coinciden en que la madurez democrática de Colombia será vital para evitar una mayor fragmentación social y garantizar que, sin importar el ganador final, las fronteras sigan siendo espacios de cooperación y no de exclusión.(I).
El nuevo presidente tendrá un periodo de cuatro años: 2026-2030.
