Hace 200 años sesionaba el Congreso Anfictiónico de Panamá

César Correa

elcesarbelt@gmail.com

Simón Bolívar con su inconmensurable genialidad comprendió que sobre los países iberoamericanos que se estaban liberando del yugo ibérico se avecinaba una gigantesca agresión militar de parte de las coronas europeas, así como también del naciente imperio norteamericano, para imponernos de nuevo las cadenas del colonialismo, frente a lo cual se propuso impulsar la conformación de un gran ejército de unos 60.000 hombres, para preservar nuestra independencia y soberanía. Este fue uno de los objetivos para convocar a todos los países iberoamericanos al Congreso Anfictiónico de Panamá, que se reunió del 22 de junio al 15 de julio de 1826, hace dos siglos.

No hubo romanticismo en el proyecto bolivariano, sino la más pura y acertada estrategia política, que intentó constituir una confederación de naciones emergentes, capaces de hacerse respetar por las potencias en todos los planos. 

Estados Unidos, por supuesto, fue el primer interesado en provocar el aborto del Congreso Anfictiónico de Panamá y se valió de traidores como Francisco de Paula Santander para llevarnos al fracaso.

Bolívar predijo con admirable clarividencia que los Estados Unidos estaban destinados por la naturaleza para ocasionar a los demás pueblos del continente toda clase de penalidades, tal como se ha podido comprobar a lo largo de los dos siglos que han transcurrido desde el Congreso Anfictiónico de Panamá.

México fue el primero en soportar las funestas consecuencias de los resultados negativos del indicado Congreso. Al corto tiempo fue invadido por Estados Unidos, que le arrebató la mitad de su territorio y luego Francia le impuso un rey, que ventajosamente el pueblo mexicano pudo derrotar militarmente.

Después se han sucedido decenas de invasiones norteamericanas a nuestros países, a los que ha obligado a aceptar sus leoninas condiciones. Hizo que Panamá se desprendiera de Colombia. Hoy son Cuba y Venezuela los que más se desangran por la intervención yanqui, que se ha entrometido descaradamente en los procesos electorales de Honduras, Argentina, Chile, Perú, Colombia.

Varias veces Estados Unidos ha tratado de apropiarse de las Islas Galápagos, de lo que milagrosamente nos hemos salvado, aunque ahora soportamos la fuerte y arbitraria presencia del ejército gringo en el archipiélago.

Inglaterra se convirtió en la más grande potencia mundial al comenzar el siglo XIX y no necesitó invadirnos para apoderarse de nuestros recursos naturales; de la manera más sutil, metió acá sus capitales para hacernos producir la materia prima que ella necesitaba para su desarrollo industrial, boicoteó absolutamente nuestra industrialización y nos obligó a comprar sus mercaderías manufacturadas. Al Ecuador lo indujo a vivir de la producción de cacao durante todo el siglo XIX, hasta 1920. Contribuyó a la construcción del ferrocarril Guayaquil-Quito, para poder llevarse con facilidad la materia prima de la Sierra ecuatoriana. Por 1910 consiguió que el Ecuador aceptara entregarle en propiedad el Nororiente en pago de la deuda externa, lo que no ocurrió porque Colombia, Perú y Chile se informaron oportunamente y presentaron su más firme oposición.

Aspecto tan importante como la UNIÓN nuestros países ha permanecido ignorado, nunca en mi vida de estudiante oí o leí algo relacionado con el mismo, excepto una vez, cuando el Dr. Juan Cueva Serrano, profesor de Derecho Internacional, lo mencionó en una de sus clases. Ni tampoco hemos contado con una explicación verdadera y completa de las maquinaciones que llevaron a la disolución de la Gran Colombia. Es censurable que no se haya programado actos académicos en nuestro país para analizar la trascendencia del Congreso Anfictiónico de Panamá y generar una conciencia colectiva favorable a la integración política, económica y militar de nuestros países. Es triste nuestro desprecio por el conocimiento de la Historia.

Los Santander modernos son los que colocan toda clase de obstáculos para el funcionamiento de la UNASUR y la CELAC.

Todos los que queremos sacar a nuestros países de su atraso debemos dedicar mucho tiempo a ampliar el conocimiento de estos hechos históricos y a efectuar una defensa vigorosa de la necesidad vital de llevar adelante un proceso de integración, que nos conduzca a conformar un solo Estado iberoamericano.