Al Dr. Ernesto Iglesias Armijos.
Y se apagó de pronto la existencia
del hombre culto, probo y decidido,
de las leyes sumamente entendido,
cuánta falta nos hará su presencia.
A la vida enfrentó seguro, a diario
con decisión, con fe, con bizarría,
con firmeza, con celo y a porfía,
fue Abogado capaz, Gran Fedatario.
Que Dios que la bondad por excelencia
a diario le procure su existencia,
donde moran los justos de por vida.
Que lo ampare por siempre allá en la Gloria
al colega gentil que ya es historia,
y que a lo suyo les cure la herida.
ACF.
