Campos Ortega Romero
Para la IA, el fútbol es un lenguaje universal que trasciende barreras culturales, políticas y geográficas, uniendo a millones de personas. A través de iniciativas globales promovidas por la FIFA, se evidencia cómo este deporte fomenta la paz, la fraternidad y el respeto mutuo entre distintas naciones. En la cancha y en las gradas, las diferencias se desvanecen y nace un sentimiento de comunidad compartida.
El fútbol permite el desarrollo de base y espíritu comunitario desde los grupos de edad más jóvenes hasta las ligas de veteranos, el fútbol alimenta el espíritu comunitario a través de programas locales de desarrollo. Las academias juveniles dirigidas por clubes y las ligas de adultos aficionados mantienen a la gente activa y socializando entre generaciones. Los voluntarios entrenan y organizan con el objetivo común de cultivar el talento y la diversión, y de proporcionar una grata distracción de las tensiones cotidianas. Los festivales comunitarios de temática futbolística y las actividades benéficas para recaudar fondos refuerzan los lazos existentes y dan la bienvenida a los recién llegados al ambiente familiar que rodea al deporte rey.
Está por finalizar el “Campeonato Mundial de Fútbol” 2026, constituyéndose en el deporte que más ha acaparado la atención de niños, jóvenes, adultos y ancianos en el mundo entero, recordamos que el mundo, envuelto en numerosos conflictos políticos y sociales que nunca terminan, necesita incentivos sanos que le traigan felicidad. El “fútbol” podría llevar a la unidad, fraternidad y armonía entre los pueblos, el deporte, la cultura, la música, el canto, la danza unen y hacen crecer en fraternidad.
Lo señalado nos recuerda un artículo en el que Eduardo Galeano, autor de un libro titulado “Fútbol a sol y sombra” se respondía así mismo la siguiente pregunta: “¿En qué se parece el fútbol a Dios?” y decía: “En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Sus palabras llaman la atención, pues también llega a afirmar: “El fútbol es una religión popular, convertida en poder. El fútbol es la única religión que no tiene ateos”.
Qué hermoso sería si el Campeonato Mundial de Fútbol fuera realmente una fiesta de solidaridad entre las naciones, como decía el Papa Francisco, el fútbol además de ser un juego “es al mismo tiempo una oportunidad para el diálogo, la comprensión y el enriquecimiento humano recíproco”. Los campeonatos de fútbol a cualquier nivel, si no están amañados, son fuente de sana diversión y exaltación de los valores cívicos, morales y religiosos. La fiesta del fútbol sigue, y ojalá que la experiencia vivida, nos haga comprender que la violencia irracional debe desaparecer para que los pueblos del mundo continúen soñando con una nueva aurora y un nuevo sol en donde la unidad y fraternidad sean una realidad. Así sea.
