
El 17 de julio de 1966 permanece en la memoria colectiva de Loja como una fecha marcada por el dolor. Hace 60 años, un fatal accidente de tránsito ocurrido en la vía Loja-Catamayo truncó la vida de connotados maestros, científicos, universitarios y jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional de Loja (UNL), hecho que conmocionó a la comunidad académica y a toda la provincia.
Aquella jornada había comenzado con alegría. Catedráticos y alumnos de la entonces Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación compartieron un encuentro recreativo en el sector Los Mangos, cerca del río Guayabal, en el cantón Catamayo. Al caer la noche emprendieron el retorno hacia la capital lojana, sin imaginar que el viaje terminaría convertido en una de las mayores tragedias universitarias del sur del Ecuador.
Tras recorrer pocos kilómetros por la antigua vía de lastre, al llegar a una curva, ubicada aproximadamente a tres kilómetros de Catamayo, el bus cayó por una pronunciada pendiente y quedó prácticamente destruido. Entre los restos del automotor, heridos y víctimas mortales yacían dispersos sobre la ladera de la montaña, escenario que dejó una huella imborrable entre quienes participaron en las labores de auxilio.
La tragedia cobró la vida de trece destacados lojanos, figuras que dedicaban sus esfuerzos a la formación académica y al desarrollo intelectual de la provincia. Entre las víctimas constan el decano de la Facultad de Ciencias de la Educación, Manuel Cabrera Lozano; Gonzalo Bayancela González; Rosa Grimanesa Ortega; Gustavo Ortiz Arellano; Augusto Napoleón Izquierdo; Juan Iván Cueva Ontaneda; Carlos Franco Pérez; Herminia Masache Jaramillo; Manuel Cruz Muñoz; Ángel Erazo Cepeda; Carlos Sánchez; Ángel Rafael Morales, además de otros integrantes de la comunidad universitaria.
El infortunio también dejó trece sobrevivientes, quienes lograron escapar de la muerte pese a la gravedad del siniestro. Homero Pozo Vélez, Dagoberto Vilela, Carlos Valarezo, Olga Almeida, Piedad Erazo, Germán Calvache, Amada Riofrío, Lucila Cano, Germán Ortega, Gonzalo Salinas, Abraham Rodríguez, Rosenda Hidalgo de Ortiz y el conductor Rogelio Cabrera recibieron atención médica en distintas casas de salud de Loja.
El duelo envolvió a la ciudad durante varios días. Los féretros ocuparon el Teatro Universitario Bolívar para recibir el último homenaje de familiares, amigos, autoridades y ciudadanos. Posteriormente, una misa campal en la iglesia Catedral congregó a cientos de personas que acompañaron el cortejo fúnebre por la calle Bolívar hasta el antiguo cementerio general, lugar donde hoy funciona el Coliseo Ciudad de Loja.
Seis décadas después, aquella tragedia continúa viva en la memoria de generaciones de lojanos. El recuerdo de quienes perdieron la vida trasciende el paso del tiempo y representa el legado de hombres y mujeres que consagraron su existencia al conocimiento, la educación y el progreso de la provincia.(I).
