Fundochamba: 38 años entre la mística del café, la memoria y el porvenir

Juan Luna

Quilanga, 28 de julio de 2026

El calendario cívico de Quilanga se viste de fiesta para abrazar a su parroquia benjamina: Fundochamba. Pequeña en geografía, pero inmensa en espíritu, su historia esculpida con la fragancia inextinguible del café y con el señorío de generaciones que han transformado el trabajo de la tierra en dignidad y progreso.

La historia de este rincón no nació por azar; fue labrada por el deseo irrenunciable de libertad. Para existir con voz propia, sus pobladores debieron romper primero las cadenas del sistema hacendatario de La Elvira, erigirse en barrio y, con una tenacidad admirable, emprender la gesta por su parroquialización. Aquel esfuerzo coronó con el Acuerdo Ministerial No. 0363 del 12 de febrero de 1988, integrándose primero al cantón Gonzanamá y, posteriormente, a la geografía entrañable del cantón Quilanga. Si bien la fecha histórica evoca las lluvias de febrero, el civismo y el reencuentro comunitario es sagrado el 29 de julio.

En sus 36.7 kilómetros cuadrados y en el abrazo fraterno de sus tres barrios —El Sauce, Naranjito y La Libertad—, el café no es solo un cultivo: es la raíz de su identidad y el perfume de su memoria. De sus frutos ha brotado no solo el sustento diario, la producción de temporada y la ganadería, sino también el pan para la educación de hijos e hijas que hoy sirven a la sociedad desde distintas trincheras.

La fiesta cívica es, por ello, el cordón umbilical que une a los fundochambenses que residen en la parroquia con aquellos que han debido emigrar hacia otras latitudes de la patria y el mundo. En el colorido del pregón, la pasión del fútbol, la gracia de la coronación de la reina, la feria agrícola y artesanal, el arte de la pintura y la poesía, hasta el imponente desfile cívico-militar y la sesión solemne, el pueblo no solo celebra su ayer; se reencuentra para pensar en su mañana y tender puentes que dignifiquen a quienes cuidan la herencia familiar.

Ciertamente, el camino recorrido muestra huellas de progreso. La gestión armónica de los gobiernos parroquiales ha dejado frutos visibles: el fortalecimiento de la cadena de valor del café y la artesanía local; la protección de sus ecosistemas junto a Naturaleza y Cultura Internacional (NCI); el alumbrado público con tecnología LED que modernizó EERSSA para brindar mayor seguridad; y el mantenimiento de la red vial interparroquial por parte del Gobierno Provincial.

Sin embargo, el homenaje a Fundochamba exige mirar de frente la realidad de sus aspiraciones pendientes. La poesía del paisaje no debe opacar la urgencia de sus necesidades: es imperioso ejecutar los estudios y la renovación total de sus sistemas de agua potable, alcantarillado sanitario y pluvial, una obra vital históricamente postergada. Asimismo, es momento de catapultar su bondad turística y agroturística, abriendo puertas hacia sus majestuosos miradores, su parque temático, su emblemática iglesia, la experiencia viva de sus fincas cafetaleras, sus cascadas de temporada y el camino hacia la plaza del inca.

En sus 38 años de vida política, celebremos a Fundochamba con el orgullo de su pasado, la exigencia justa de su presente y la esperanza invencible de su futuro. ¡Salud, sucursal del cielo, donde el aroma a café siempre nos llama a volver!