Entre la ortografía y Gabriel García Márquez

Diego Lara León

Creo que todos estamos de acuerdo, que, hoy en día, la velocidad se ha convertido en una prioridad, queremos responder rápido, reaccionar de inmediato y participar en la conversación antes de que el tema deje de ser tendencia. En ese escenario, la ortografía parece haber perdido terreno. Sin embargo, la pregunta sigue vigente, ¿continúa siendo importante escribir correctamente en tiempos de redes sociales?

En primera instancia, la respuesta es sí. Probablemente hoy la ortografía es más importante que antes, porque nunca habíamos escrito tanto ni habíamos estado tan expuestos públicamente. Hace algunos años, una falta ortográfica podía quedar en una libreta, en una carta privada o un trabajo escolar. Actualmente, un error puede ser visto, compartido y comentado por cientos o miles de personas en cuestión de segundos. Cada publicación se convierte, de alguna manera, en una carta de presentación.

Es cierto que las redes sociales han desarrollado su propio lenguaje. Las abreviaturas, los emojis, los memes y las expresiones informales facilitan una comunicación ágil y cercana. Nadie espera que una conversación entre amigos tenga la misma estructura que un informe empresarial. El lenguaje se adapta al contexto, y esa capacidad de adaptación también es parte de la comunicación. Pero una cosa es utilizar un estilo informal de manera consciente y otra muy diferente es escribir mal porque se desconocen las reglas.

La ortografía aporta claridad. Una tilde, una coma o una letra pueden modificar completamente el sentido de una frase. No es lo mismo escribir “cómo estás” que “como estas”, o la típica diferencia entre hábito, habito y habitó. En determinados casos, un signo de puntuación o una tilde mal ubicada puede generar confusión, alterar una instrucción o provocar una interpretación equivocada. En internet, donde los mensajes suelen ser breves y carecen de tono de voz, escribir con precisión ayuda a evitar malentendidos.

Por todo lo que acabo de comentar, soy un convencido que la buena ortografía debe ser siempre nuestro norte. Convencido hasta hace unos días donde por coincidencia o por obra y gracia de un algoritmo, apareció en mi teléfono un genial discurso de uno de los mas grandes “usadores de nuestro idioma”, el gran Gabriel García Márquez.

En su alocución, el gran “Gabo” dijo: “Jubilemos la ortografía, error del ser humano desde la cuna, enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la g y la j, y pongamos mas uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer, lagrima donde diga lágrima, ni confundirá revólver con revolver, y que, de nuestra b de burro y nuestra v de vaca, que los españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una. Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar, con la esperanza de que les lleguen al Dios de las palabras, a no ser por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar con razón y derecho”.

Cien años de soledad, y tantas geniales obras más, le dan a Gabriel García Márquez autoridad para hablar sobre nuestro idioma. Pero al final yo me quedaré siendo un “fanático de la ortografía”, aunque a veces dude entre poner sc o cs.

Mis alumnos suelen decir que yo veo las faltas de ortografía a kilómetros y es que no existe peor carta de presentación que una palabra mal escrita.

@dflara