Los encuentros entre habitantes y animales silvestres dejaron de ser una escena exclusiva de las montañas. En distintos sectores de Loja los venados, osos hormigueros y osos de anteojos han sido observados cada vez más cerca de zonas pobladas, una situación que evidencia la creciente presión sobre los ecosistemas donde estas especies encuentran refugio y alimento. En 2026 se han registrado más de 100 avistamientos.
Circunstancias
Uno de los avistamientos recientes ocurrió en Gualel, donde fue observado un venado acompañado de sus crías. A este caso se sumó la presencia de un oso hormiguero en el sector Las Sidras, ubicado entre La Libertad y Fundochamba. El más recientemente, fue en el barrio Chinguilanchi, de la ciudad de Loja, ciudadanos reportaron la presencia de un oso de anteojos. El animal, al percatarse de la presencia humana, huyó hacia el bosque situado en la parte alta.
Los testimonios de moradores de diferentes comunidades coinciden en que estos encuentros son cada vez más frecuentes, especialmente en fincas y terrenos cercanos a los centros poblados. Para quienes habitan estos sectores, la aparición de especies que antes asociaban exclusivamente con zonas montañosas y áreas protegidas constituye una señal de los cambios que experimentan los ecosistemas.
El ingeniero ambiental y especialista en flora y fauna silvestre Andrés Gonzaga Girón explicó a Diario Crónica que la ubicación geográfica de Loja favorece la existencia de una extraordinaria riqueza natural. La provincia está rodeada de montañas, bosques y áreas protegidas, además de formar parte de la Reserva de Biosfera Podocarpus-El Cóndor, reconocida por la Unesco por su excepcional diversidad biológica.
Esta reserva se extiende por Loja y Zamora Chinchipe y comprende una amplia variedad de ecosistemas. Su zona núcleo incluye el Parque Nacional Podocarpus, el Parque Nacional Yacuri y la Reserva Biológica Cerro Plateado. La Unesco destaca, además, la presencia de numerosas especies de flora y fauna, entre ellas el oso andino o de anteojos, para el cual este territorio representa uno de los bloques continuos de hábitat más importantes de los Andes del norte.
Sin embargo, esta riqueza natural enfrenta una creciente presión. El especialista sostiene que el problema no radica en que los animales estén ingresando deliberadamente a las ciudades, sino en que las actividades humanas han reducido progresivamente los espacios que necesitan para vivir. “Los animales no invaden las ciudades; nosotros invadimos su hogar”.
A su criterio, la expansión de la frontera agrícola, la ocupación de nuevos territorios, el cambio climático, los incendios forestales y la minería se encuentran entre los factores que han alterado los ambientes naturales.
Por ejemplo, los incendios forestales registrados durante 2024 agravaron la situación ambiental en la provincia. Loja acumuló 32.958 hectáreas de vegetación afectadas por el fuego, equivalente al 42% de toda la superficie quemada en el país hasta ese momento, convirtiéndose en la provincia más golpeada por estos eventos.
“El impacto no se limita a la vegetación destruida. Cuando un incendio arrasa bosques, pajonales y páramos, también desaparecen refugios, zonas de reproducción y fuentes de alimento. Los ejemplares que logran sobrevivir deben desplazarse hacia otros espacios, aumentando la posibilidad de encontrarse con asentamientos humanos”, añadió.
La problemática continúa siendo una preocupación para la conservación. En marzo de 2026, la Unesco entregó equipos especializados destinados a fortalecer la prevención y el combate de incendios forestales en la Reserva de Biosfera Podocarpus-El Cóndor, precisamente por tratarse de uno de los territorios con mayor biodiversidad del sur del Ecuador.
Sanciones
Ante un encuentro con fauna silvestre, el ingeniero ambiental recomienda mantener la distancia y evitar cualquier acción que pueda alterar el comportamiento del ejemplar. No alimentarlo, no perseguirlo y, sobre todo, no intentar capturarlo son algunas de las principales recomendaciones.
La intención de convertir a un animal silvestre en mascota también representa un riesgo para el ejemplar y para las personas. El contacto constante con seres humanos puede modificar su comportamiento natural, mientras que la manipulación inadecuada puede provocar lesiones, estrés o incluso la muerte.
Recordó que, en Ecuador, además, existen sanciones penales para determinadas conductas contra especies protegidas. El artículo 247 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) establece penas de uno a tres años de privación de libertad para quienes cacen, capturen, tengan, transporten, trafiquen o comercialicen especímenes, partes o productos de fauna silvestre protegida, entre otras conductas contempladas en la norma. La pena máxima puede aplicarse cuando el hecho ocurre, por ejemplo, durante períodos de reproducción o dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.(I).
En 2026, según información de expertos ambientales y la academia se han registrado más de 100 avistamientos de osos, venados y tapires.
