José Félix de Valdivieso

Efraín Borrero Espinosa

La calle José Félix de Valdivieso es una importante referencia urbana de nuestra ciudad y consagra el nombre de uno de los más preclaros hombres de Loja, del que poco o nada conocemos. Abarca cinco cuadras con ese nombre, porque cruzando el río Zamora por la parte oriental, adopta el nombre del eminente científico lojano Clodoveo Carrión Mora, y por el extremo occidental, pasando el río Malacatos, toma el nombre de Manuel Ygnacio Monteros Valdivieso, destacado científico, histólogo, profesor y escritor lojano fallecido en Cuba.

Esta forma de referirme a esas calles subraya la necesidad de que la Municipalidad se empeñe en un proyecto integral de señalética urbana. Al menos en el casco céntrico de Loja, las placas de las calles deberían mostrar los nombres completos y una breve sumilla de los personajes o lugares asignados. Este modelo, implementado con éxito en varias ciudades europeas, no solo rescataría la memoria histórica local, sino que se convertiría en una valiosa herramienta didáctica para los ciudadanos y en un atractivo recurso para el turismo. 

Según el registro exhibido por Alfredo Valdivieso Gangotena, perteneciente a esa rama familiar, José Félix de Valdivieso fue bautizado en la “Santa Iglesia Matriz” de esta ciudad el 19 de mayo de 1784, fecha que tradicionalmente se registra de forma homóloga como su nacimiento en la historiografía ecuatoriana. Algunas investigaciones genealógicas precisan que su nacimiento exacto ocurrió unos días antes, el 3 de mayo de 1784.

Se hizo mención de la Iglesia Matriz porque la categoría de Catedral adquirió cuando el Papa Pío Nono dictó la bula pontificia por la cual instituyó la Diócesis de Loja como un desprendimiento de la Diócesis de Cuenca, el 29 de diciembre de 1862. Según el distinguido Canónigo Carlos Eguiguren Riofrío, “por ese hecho la Iglesia Matriz fue elevada a la categoría de Catedral”, haciendo notorio que aquella denominación de Matriz era nombre impuesto por un convencionalismo o costumbre, más no ceñida a ninguna norma litúrgica. Destaca que la categoría de Catedral no fue un mero cambio de nombre, “era la elevación por lo que dejaba de ser una iglesia como las demás y pasaba a ser la iglesia única en una Diócesis, la iglesia del Obispo, y por este título constituida en la iglesia cabeza y madre de las parroquiales, conventuales, etc.”

Fue el último de seis hermanos nacidos del primer matrimonio entre Fernando de Valdivieso y su prima Francisca Xaviera de Valdivieso, con quien se casó previa dispensa eclesiástica.

En este punto me detengo para aclarar aspectos que suelen causar confusión: el uso de la preposición «de» frente a la conjunción «y». Mientras la tradición general opta por «de Valdivieso», otros lo hacen como Valdivieso «y» Valdivieso.

Antes de que se creara la ley del Registro Civil, las personas combinaban sus apellidos de manera privada o según los registros parroquiales de bautismo. Era común unir el primer apellido del padre y el de la madre con la conjunción «y».

En cuanto al uso de la preposición «de» cabe la siguiente explicación. Los apellidos se manejaban bajo criterios de prestigio, origen toponímico y endogamia familiar. El apellido de José Félix provino originalmente de la comarca de Valdivielso en Burgos, España. Agregar el «de» servía para denotar que el linaje familiar procedía u ostentaba tierras en ese valle geográfico.

Otro aspecto que vale aclarar es aquello de la dispensa eclesiástica. En tiempos de antaño, lo que se conocía eclesiásticamente como dispensa de impedimento de consanguinidad o de afinidad, consistía en un permiso oficial y obligatorio que otorgaba la Iglesia católica para que dos personas con lazos de consanguinidad pudieran contraer matrimonio legítimo. Sin ese documento, el matrimonio era considerado nulo y un pecado grave ante el derecho canónico.

El proceso se basaba en la cercanía de la sangre entre los novios y se medía por «grados» según el tronco común familiar. Por ejemplo, en el primer grado estaban padres e hijos, que era la consanguinidad absolutamente prohibida y nunca se dispensaba. En el segundo grado estaban los hermanos, que tampoco se dispensaba, y los primos hermanos, que era el caso más común que sí la requerían. También la necesitaban los viudos que deseaban casarse con la hermana de su difunta esposa.

Los novios debían abrir un expediente matrimonial ante el obispado local, el cual incluía la presentación del árbol genealógico, a fin de probar exactamente en qué grado de parentesco se encontraban; asimismo, declaración bajo juramento de personas honorables de la comunidad que aseguraban que los novios no actuaban por coacción y que eran de «buena fama»; y, justificar una razón de peso para que la Iglesia aprobara la unión. Una vez revisada la documentación las dispensas requerían el pago de una tasa económica proporcional a la riqueza de las familias, salvo los casos de extrema pobreza demostrada,

José Félix Pedro Valdivieso Valdivieso, que fueron sus nombres completos, recibió las primeras letras en esta ciudad a través de tutores privados y escuelas conventuales locales de la época. Se formó en medio del Humanismo que se practicaba en aquel tiempo, destacándose por su vivacidad e inteligencia.

Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Real de San Luis en la ciudad de Quito y los superiores en laUniversidad de Santo Tomás de Aquino de la misma ciudad, donde obtuvo el título de doctor en jurisprudencia. Tiempo después fue elegido de forma unánime rector de esa prestigiosa universidad, institución histórica que, a partir de 1826 con la expedición de la Ley General sobre la Educación Pública, dictada por el Congreso de Cundinamarca durante la época de la Gran Colombia, se transformó legalmente en la Universidad Central de Quito. Para el año 1836, mediante Decreto Orgánico de Enseñanza Pública del presidente Vicente Rocafuerte, se cambia la palabra Quito por Ecuador y surge así de forma definitiva la Universidad Central del Ecuador.

Durante su rectorado en la Universidad Santo Tomás de Aquino fundó la Academia de Derecho Práctico, con el objetivo de modernizar la enseñanza de las leyes. Buscaba que los estudiantes de jurisprudencia no solo aprendieran teoría jurídica, sino también litigación y procedimientos prácticos. Como destacado jurista que fue utilizó su rectorado para sentar las bases ideológicas de una educación superior alineada con los ideales de la Gran Colombia, disminuyendo paulatinamente la rígida influencia de los antiguos programas religiosos.  

En 1817 contrajo matrimonio con su prima Catalina Valdivieso Sánchez en la ciudad de Cuenca, mediante poder otorgado al coronel Guillermo Valdivieso Torres. Como dato histórico destacado vale mencionar que, en 1824, ambos actuaron como padrinos de matrimonio del general Juan José Flores con Mercedes Jijón Vivanco, habida cuenta de la relación cercana que la pareja mantuvo con las altas esferas políticas del naciente Ecuador.

Los esposos Valdivieso no solo apadrinaron el matrimonio religioso de Flores en la Iglesia Catedral de Quito, sino que introdujeron al joven militar venezolano en la alta sociedad local. Esta vinculación inicial hizo que José Félix Valdivieso se convirtiera en un aliado clave para Juan José Flores. En 1830 le ayudó activamente a concretar la separación de la Gran Colombia y Flores lo recompensó nombrándolo como su primer Ministro del Interior y de Relaciones Exteriores, que era un superministerio porque también incluía Hacienda.

En su condición de Ministro, José Félix Valdivieso tuvo un gesto especial con su querida tierra natal, como refiere Luis Felipe Mora. Una vez inaugurada la romería de la Virgen del Cisne, por agosto de 1830, en virtud del Decreto emitido por Simón Bolívar, que constituyó un extraordinario acto de fe y provocó un adelanto para Loja, los devotos temiendo que pudiesen en algún tiempo privarles de tanto bien, resolvieron solicitar al presidente Juan José Flores la ratificación de dicho Decreto. José Félix Valdivieso, que avocó conocimiento del asunto, dijo que «no habiéndose derogado por el Cuerpo Legislativo el decreto de 28 de julio de 1929, se lo guarde puntualmente con la exención de derechos que se causaren en la feria de Nuestra Señora del Cisne», como está dispuesto». Este Decreto se expidió en 1931.

En su estadía durante algunos años en Loja, “colaboró para mejorar la calidad de la educación, junto con la donación de Don Bernardo Valdivieso de las Heras, su primo segundo, cuyos bienes se debían optimizar para su uso en la educación de la juventud de Loja”.

José Félix Valdivieso fue un hijo ilustre de Loja y gran patriota, político, jurista, catedrático, diplomático  y estadista ecuatoriano. La valía de su brillante trayectoria ha sido exaltada en varias obras, una más elocuente que otra. El libro de autoría de Alfredo Valdivieso Gangotena: “José Félix Valdivieso y Valdivieso” fue presentado en noviembre de 2013 en el Salón del Cabildo de Loja con gran acogida.  

Las opiniones vertidas por preclaros intelectuales dan razón del importante rol que jugó en la vida nacional. Benjamín Carrión Mora expresó que “Valdivieso es un nombre de lojano que la patria tiene que exaltar hasta colocarlo en el sitial más alto de los abogados del derecho ecuatoriano”. 

Con el propósito de acercar el legado de este insigne hijo de Loja a quienes aún no conocen la magnitud de su trayectoria, y para que su memoria no quede en el olvido, presento a continuación una sucinta reseña de los hitos fundamentales que marcaron su vida pública, además de los cargos y funciones que he señalado anteriormente.

En 1821 se desempeñó como Alcalde Ordinario del Cabildo de Loja.

En 1822, tras la gesta libertaria, el Mariscal Antonio José de Sucre reconoció su probidad nombrándolo Alcalde de Quito.

Fue Juez de la Real Audiencia de Quito y posteriormente Ministro de la Corte Suprema e Intendente Interino del Departamento de Quito.

En junio de 1822, junto con otros políticos sobresalientes, firmó el Acta de Incorporación de Quito a la República de Colombia.

En 1828 fue elegido Diputado a la célebre Convención de Ocaña. Tras su brillante participación, el propio Libertador Simón Bolívar lo nombró miembro del Consejo de Estado en Bogotá, lo que demuestra que no solo era un líder local, sino un político de confianza en la cúpula de la Gran Colombia.

Se lo designó Jefe Supremo del Estado el 12 de junio de 1834, por parte del Ejército Restaurador y de las asambleas populares de las provincias de la sierra norte y centro del Ecuador, con el fin de institucionalizar el país. Su autoridad civil fue ampliamente respaldada por las élites locales. Su principal objetivo político no era perpetuarse como dictador, sino restablecer el orden constitucional. Por ello convocó a elecciones para una Convención Nacional que debía reunirse en Quito para redactar una nueva Carta Magna y elegir un presidente legítimo. Sin embargo, el curso de fuertes y cruentos enfrentamientos entre rivales políticos alteró radicalmente esos planes y cambió las circunstancias del poder. Permaneció en ese cargo hasta el 18 de enero de 1835.

En 1841 presidió el Congreso como Senador por Pichincha.

Estuvo Encargado del Poder del 15 de marzo de 1845 a mayo del mismo año.

Retirado de la política, falleció el 8 de junio de 1856 a los 72 años de edad en Quito -aunque algunas fuentes señalan Cuenca -, respetado por conservadores y liberales. Su vida constituye un legado de orgullo para los lojanos, quienes honramos la memoria de tan insigne hijo de nuestra tierra.