Luis Antonio Quizhpe
La creatividad es el motor del cambio y la evolución humana. Alude a la actividad intelectual encaminada a generar ideas, solucionar problemas y producir objetos originales mediante la explotación de las facultades mentales. Su acción principal nace de la capacidad para producir cosas curiosas, conectar conceptos conocidos con formas nuevas y transformar la realidad mediante soluciones prácticas e innovadoras para enfrentar la vida.
Es una aptitud para crear e inventar algo, cuyo producto es susceptible de ser orientado y mejorado. Esta capacidad comienza a desarrollarse desde los primeros años de vida, por lo que la infancia y la niñez son las etapas más propicias para potenciar este valor porque en estos periodos el cerebro del futuro adulto es una “tabula rasa”, como diría John Locke; es decir, aún no está contaminado de tantas normas y pautas (a veces coercitivas) interpuestas por los adultos.
Este valor está encarnado en el protagonista central del cuento “Luisito, el inventor del chivo volador” del escritor ecuatoriano Carlos Carrión, recientemente galardonado con el Premio Nacional Eugenio Espejo. La historia emerge de un suceso extraordinario: una noche de abril cae un invierno pertinaz con truenos y relámpagos, tan fuerte y prolongado que cambia el quehacer cotidiano de San Juan, pueblito de Malacatos-Loja-Ecuador que, de no hacerse algo, desaparecería del mapa geográfico nacional.
En esos 7 días con sus noches de colosal lluvia, Luisito niño de 12 años que vivía con sus abuelos, no se había dormido en los laureles. Con Paco Robles y el Loco Rentería, como testigos, había alimentado con gasolina el motor de una moto regalada por Míster Johnson, empotrado un arnés especial en el chivo más viejo y de largos cuernos retorcidos; encima había encajado una hélice de hierro bien rara y unas hermosas alas de lona encauchada, hechas del poncho de agua del abuelo y, el bendito chivo salió mugiendo por el cielo de San Juan como un ángel salvador.
De pronto el teniente político, el cura Salustio Gutiérrez y su sirvienta Rosario, el sacristán, don Pepe Arévalo, el telegrafista, don Segundo Ricardo, la Bizca Jaramillo, don Vicente Chiriboga y todo el pueblo, a eso de las 4 de la tarde del 7mo. día del diluvio, se alarmó aún más al escuchar el tremendo bullicio de un motor, creyendo que, por fin, era el fin del mundo. Las beatas dijeron que ha de ser el arca de Noé que viene a salvarles y, esos ruidos, el motor de Dios.
Pero, se trataba del invento estrella de Luisito, puesto al servicio de su pueblo, frente a la circunstancia y con el fin de volar adonde la máxima autoridad. Por eso, luego de darse unas estruendosas vueltas por la torre de la iglesia y de todo el pueblo, piloteando su nave, olor a chivo, huye urgente gritando: ¡Me voy a Loja para avisarle al gobernador que San Juan se va en el aguaaa!
