César Briceño
Una de las voces más autorizadas, como expresidente de la República y por sus textos publicados; el más leído “El Poder Político en Ecuador”. Sin duda es el octogenario Dr. Osvaldo Hurtado Larrea; quien expuso su punto de vista respecto al gobierno actual. Ni de lejos coincido con su ideología, pero como todo ecuatoriano merece nuestro respeto. Si bien es cierto que, apoyo al gobierno de Guillermo Lasso, poco después lo criticó como gobernante que decepcionó a todos. Su preocupación es sobre las paradojas de la democracia y el autoritarismo, que lo ha denominado “criptodictadura”. Motivo por el cual, fue objeto de una andanada de expresiones atrabiliarias, que en gobiernos pasados fue práctica común; que no se deben repetir.
La lucha contra la delincuencia no implica estropear al resto de poderes del Estado. Verbigracia, de ninguna manera justificó anticipar las elecciones para noviembre, supuestamente por la aproximación del fenómeno de El Niño, así como la eliminación potencial de los contrincantes electorales; ¡que la justicia civil o penal se encarguen de lo suyo! Esta práctica intriga a la ciudadanía. El índice de aceptación del actual gobierno se estima en el 28%.
Si observamos una lucha tenaz en contra del crimen organizado, también es cierto que, deja mucho que desear las gravísimas falencias en salud, educación, vialidad y empleo. Por ningún concepto podemos obnubilarnos, de perder la objetividad entre lo que es, la democracia y la cooptación sistemática del resto de las funciones del Estado: Asamblea nacional, Contraloría, CNE, Fiscalía, la CNJ o la Corte Constitucional; que son los contrapesos naturales de la República. Así como, una oposición política racional, mediante los partidos políticos y medios de comunicación social.
En América Latina y en nuestro país; la experiencia es nefasta con gobiernos abusivos; que han pisoteado los derechos humanos, han conculcado las libertades públicas y han asaltados al erario nacional. Nadie los puede acusar porque son señalados de terroristas o anti patrias. En nuestro caso, los dineros que eran para la obra pública, fueron saqueados por los gobiernos de turno.
he Economist publicó un reportaje con el que calificó a Ecuador como un narcoestado. Nos dice el deterioro de nuestra democracia y el uso obsesivo de los estados de excepción. En ninguna parte del mundo se ha solucionado el problema de la delincuencia; ni Bukele, ni Ortega; por ejemplo. Existen evidencias de que, en el montón de aprehendidos, también hay inocentes mezclados con delincuentes. Y hasta existirían facinerosos de cuello blanco libres.
Los partidos políticos están destruidos, aprovechado por el gobierno mediante franquicias electoralistas. No hay formación política y por el contrario, se fomenta el odio en los medios de comunicación y redes sociales, a través de un lenguaje público degradante y memes execrables. ¡Es un imperativo volver a una política constructiva y mesurada!
Quito, 23 ago de 2026
