Efraín Borrero Espinosa
La Romería de la Virgen del Cisne se institucionalizó con el Decreto expedido por Simón Bolívar en la ciudad de Guayaquil, el veinte y ocho de julio de 1829, que en su parte resolutiva dice textualmente: “Se concede Privilegio de Feria y exención de derechos a los efectos que se expendan en ella desde el 12 de agosto hasta el 12 de septiembre de cada año siguiente a la festividad de Nuestra Señora del Cisne que anteriormente celebran en la parroquia de este nombre, que de acuerdo con la autoridad eclesiástica de aquella jurisdicción, se trasladará anualmente a la ciudad de Loja”.
Una vez que se notificó al Secretario del Despacho General y a las autoridades lojanas, se comenzó a trabajar en la planificación para garantizar el cumplimiento eficaz de la disposición del Libertador.
En cuanto al traslado de la Portentosa Imagen de Nuestra Señora del Cisne, las cosas no podían darse de la noche a la mañana; primero, porque estaba atado a la realización de la feria, y luego, porque era necesario prever la ruta adecuada desde el Cisne, la logística, el adecentamiento de la ciudad, así como cuestiones protocolarias y aspectos de seguridad, más aún que el fervor de los lojanos por salir a recibirla era cada vez más creciente. Por esas razones la realización de la feria y el traslado de la Imagen se dieron desde el año siguiente: en 1830.
Antes de oficializarse la Romería de la Virgen, las cuestiones protocolarias y los aspectos de seguridad han sido fundamentales a la hora de trasladar la Venerada Imagen, por circunstancias especiales, desde su morada en El Cisne hasta otro sitio, con la seguridad de que su presencia era indispensable para propiciar la paz y la solución de problemas, tal como ocurrió en el año de 1779 en que la peste bubónica asoló la ciudad de Loja y sus alrededores.
El 27 de septiembre de ese año, el Muy Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de esta ciudad acogió la solicitud del Mayordomo Francisco Xavier de Terrazas y Ariola, quien comentó la dramática situación que vivían los pobladores de Loja y solicitaba clamorosamente «interceda ante el señor Vicario, Juez Eclesiástico y Cura Rector de la Santa Iglesia Matriz, para que, concediendo licencia, pida el mismo exhorto al cura de Chuquiribamba, a fin de que permita traer desde El Cisne a la Venerada Imagen de nuestra Madre y Señora”.
Las gestiones se realizaron con la urgencia del caso hasta que el asunto llegó a manos del Capellán del Cisne, quien aceptó gustoso el pedido. El curita se encargó de organizar la logística, los protocoles y las seguridades, para cuyo efecto solicitó a los miembros del Cabildo “depurar cuanto antes las personas que hayan de conducir la imagen”.
Los protocolos y seguridades en la Romería de la Virgen del Cisne se vienen aplicando, porque marca una diferencia estructural única respecto a otras grandes romerías marianas del mundo, como es el caso de la Virgen de Guadalupe en México, la Virgen de Lourdes en Francia y la Virgen de Fátima en Portugal.
En Guadalupe, Lourdes o Fátima, el fenómeno es estático e imán ya que son los millones de fieles quienes viajan desde muchos rincones del planeta hacia el santuario donde reside la imagen; es decir, es el santuario el que atrae magnéticamente a los fieles hacia él.
En el caso de nuestra Romería, el fenómeno es dinámico y genuinamente peregrino puesto que es la propia Imagen Sagrada de «La Churonita» la que deja su santuario, camina hombro a hombro con su pueblo durante tres días recorriendo unos setenta y cuatro kilómetros, y se traslada a la capital provincial.
Otros aspectos también marcan la diferencia, por ejemplo: En los santuarios de Guadalupe, Lourdes o Fátima, el comercio se mantiene al margen de los ritos religiosos, más allá de los recuerdos alusivos que se expenden en los alrededores. En Loja, por mandato bolivariano, la presencia de la Venerada Imagen es el motor económico de la región. La feria comercial y la fiesta religiosa nacieron y coexisten como un solo cuerpo regulado por el Estado.
En los otros santuarios, la fiesta dura un día central y los peregrinos se marchan. En Loja, la Virgen se queda a vivir en la Catedral por más de dos meses transformando la dinámica eclesiástica, turística, económica y social de nuestra ciudad.
Finalmente, durante su romería la Imagen cambia de atuendo según las circunstancias. Suele utilizar trajes alegóricos confeccionados con diseños bajo el lema de «Reina de la Paz»; ropa de viajera con sombrero de paja toquilla y calzado cómodo simulado, para mimetizarse con el esfuerzo físico de sus peregrinos, y un traje lujoso y corona de oro para su ingreso a la ciudad de Loja, que los fieles y priostes han provisto a lo largo del tiempo.
Es claro entender que las diferencias en los nombres corresponden a advocaciones marianas, que son distintas manifestaciones, apariciones o imágenes veneradas en diferentes épocas y lugares, ya que, en la doctrina de la Iglesia Católica, existe una sola Virgen María: la madre de Jesucristo.
La romería de la ‘Churonita’ —como cariñosamente la llamamos los lojanos por su cabello rizado— ha recorrido varias rutas desde que Simón Bolívar dispuso su traslado oficial. Inicialmente, la procesión avanzaba por el antiguo camino que unía El Cisne, Gualel, Chuquiribamba y Taquil, hasta descansar en la parroquia de San Juan del Valle. Más tarde, gracias al aporte de la comunidad y los feligreses, se habilitó el trayecto hacia San Pedro de la Bendita para conectar con la vía a la costa, construida durante la presidencia de Isidro Ayora; en esa época, la Imagen ingresaba a Loja por El Pedestal. Finalmente, tras concluirse la actual vía Loja-Catamayo en 1986, aproximadamente, la entrada tradicional se trasladó al sector de Belén, pasando por la Zona Militar
Desde que se inicia la romería la Policía Nacional asume el control del operativo, porque además de cumplir su función constitucional en la protección interna, la seguridad ciudadana y el mantenimiento del orden público, tiene a la Virgen del Cisne como su “Generalísima” y es su patrona institucional, en virtud del Decreto Episcopal suscrito el doce de diciembre de 2001 por Monseñor Raúl Vela Chiriboga, quien en ese momento era el Obispo Castrense de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Ecuador.
Los protocolos y rituales que realiza la Policía Nacional antes y durante el inicio de la romería, combinan de manera única la disciplina táctica y la devoción religiosa. Para los uniformados, esta no es una operación común, sino el servicio más sagrado y de mayor responsabilidad del año en la Zona 7.
En la liturgia de despedida que se realiza en el santuario, un selecto número de servidores policiales se coloca en formación de dos columnas a lo largo del pasillo y de rodillas pronuncian a viva voz una plegaria solemne que se conoce oficialmente como la «Oración del Policía», un himno de fe y doctrina que recita todo miembro de esa institución tanto en sus ceremonias de graduación como en momentos de alta trascendencia.
La oración condensa el sentido de misión, entrega y sacrificio que caracteriza a los uniformados. Le piden a Dios paciencia, prudencia e inteligencia para tratar y servir acertadamente al público. Imploran amparo divino para regresar con vida a sus hogares en cada jornada de patrullaje, y piden de manera especial por los seres queridos que dejan en su ausencia mientras ellos resguardan la paz ciudadana.
El momento más importante y protocolario ocurre al pie del altar. Luego de la primera misa campal de las seis de la mañana el Obispo de Loja realiza la entrega formal de la Sagrada Imagen al Comandante de la Subzona de Policía, quien se acerca a la urna portando su gorra policial bajo el brazo, hace una venia de profundo respeto ante la Virgen en su calidad de Generalísima y recibe la urna que ha sido preparada con todos los detalles. Para este efecto, cada año, a mediados de agosto, la Diócesis de Loja emite formalmente el Decreto de Custodia de la Santísima Virgen del Cisne.
En las afueras de la basílica se incorporan los llamados “Gancheros”. un cuerpo de seguridad civil emblemático y cercano a la imagen. Históricamente constituyen la guardia de honor civil y ancestral de «La Churonita». Son únicos autorizados a estar pegados físicamente a las andas de la Virgen.
Cuentan que el nombre proviene de una de sus herramientas y funciones tradicionales del camino. Para abrirse paso entre las multitudes y evitar que la masa humana empuje o tumbe la urna, estos hombres utilizaban varas largas de madera terminadas en una especie de gancho o curva. Con esta herramienta formaban barreras de contención, levantaban cables eléctricos rezagados en las carreteras y organizaban los relevos de los fieles que pedían cargar la imagen en hombros. A lo largo de décadas sus vivencias han consolidado tradiciones orales muy profundas.
Bien puedo decir que son el puente entre la Virgen y el pueblo, porque regulan los turnos de carga para los miles de devotos y reciben los sombreros, flores y pañuelos que la gente lanza para que sean «rozados» por el manto de la Virgen y devueltos a sus dueños.
No cualquiera puede ser ganchero. Este rol se hereda de padres a hijos como una de las promesas familiares más sagradas. Los miembros actuales son nietos y bisnietos de custodios del siglo pasado
Se dice que semanas antes, el grupo activa un estricto protocolo de acondicionamiento corporal, mental y espiritual. Las mujeres preparan remedios tradicionales que los hombres usarán para resistir el trayecto, así como una mochila para el camino que incluye un kit de primeros auxilios y alimentación especial.
Se los identifica fácilmente porque visten chaleco y camiseta con colores marianos y de alta visibilidad, que habitualmente son azul celeste, verde esmeralda o naranja brillante. Con la colocación del anda de la «Churonita» en su altar de la Iglesia Catedral, su misión concluye hasta el retorno en el mes de noviembre.
Desde que la Venerada Imagen inicia su romería, la Policía activa una formación táctica humana móvil que la acompañará de forma ininterrumpida durante los setenta y cuatro kilómetros. Forman tres anillos de seguridad: el primero es un cerco humano conformado estrictamente por oficiales y clases seleccionados, quienes caminan entrelazados de los brazos rodeando directamente las andas de la Virgen.
El segundo, son filas de policías que caminan a los costados de la carretera abriendo paso y coordinando con los fieles que cargan la imagen por tramos; y, el tercero, conocido como retaguardia, que es un protocolo logístico con el despliegue del Grupo de Operaciones Motorizadas, la Unidad de Equitación y Remonta y el monitoreo aéreo mediante drones y helicópteros policiales.
En la última etapa, que es la más larga y exigente, los romeriantes recorren treinta y siete kilómetros desde Catamayo hasta su llegada final en la Catedral de Loja. Se estima que cerca de dos millones de fieles surcan la carretera con su fe inquebrantable a cuestas haciendo realidad sus promesas. Desde lo alto, la vista es espectacular e impresionante.
A lo largo de los tres tramos del recorrido es posible observar a familias lojanas que se apostan en las orillas de la carretera para regalar agua y frutas a los caminantes de forma gratuita como un acto de fe. A esta tradición se la conoce como de los «Aguadores»:
Antes de la entrada triunfal a la ciudad de Loja, ocurre otra ceremonia protocolaria muy vistosa. En el sector de Belén, la Policía Nacional realiza un acto oficial de relevo para entregar el resguardo y custodia de la Sagrada Imagen a los miembros de las Fuerzas Armadas.
Los militares la reciben con honores de artillería y banda de música para escoltarla hasta las instalaciones de la Brigada de Infantería N.° 7 “Loja”, donde es recibida con las máximas distinciones que corresponden a su rango de «Generala de las Fuerzas Armadas» y «Patrona Suprema de los soldados ecuatorianos». Los oficiales de la alta cúpula militar y el personal de tropa se forman en una estricta calle de honor. Con sus uniformes de gala adoptan la posición de firmes y realizan el saludo oficial al paso de la Imagen.
En el interior del fuerte militar se celebra una multitudinaria eucaristía presidida por las autoridades eclesiásticas y la comandancia del Ejército. Allí, los soldados elevan oraciones por la paz del país y se encomiendan formalmente a su protección maternal antes de que la Virgen continúe su camino.
Alrededor de las seis de la tarde, la imagen arriba a la Puerta de la Ciudad. La primera autoridad municipal de Loja, junto a los cuerpos de seguridad de la institución, recibe formalmente la custodia de la imagen. Allí es retirada momentáneamente de la vista pública en un área privada para ser vestida con su traje de gala oficial.
Luego, la colocan sobre andas profusamente decoradas con miles de flores frescas donadas por los fieles lojanos. Su reaparición es saludada con una lluvia de pétalos de flores. con discursos de las autoridades locales y un despliegue masivo de fuegos artificiales y una serenata.
A partir de este acto, la Virgen del Cisne avanza en una procesión nocturna solemne y multitudinaria por las principales calles céntricas hasta llegar a la Catedral. Las bandas musicales unificadas de la policía, ejército y municipal entonan esa canción que sublimiza el espíritu: “Que bella eres Reina del Cisne”. Banderines distintivos flamen en alto. Los jerarcas de la Iglesia Católica a nivel nacional, así como autoridades provinciales, del Ejército y Policía Nacional, están en primera fila.
El punto culminante de los honores ocurre al llegar a la Catedral de Loja donde es recibida por una impresionante multitud de gente que desborda la Plaza Central. En el altar sagrado donde se ofrece la eucaristía al aire libre, el representante de la Policía Nacional hace entrega formal de la custodia de la Venerada Imagen a la Diócesis de Loja, con un emotivo discurso en el que concluye diciendo: «misión cumplida».
La orquesta sinfónica y el coro polifónico municipal acompañan la eucaristía con cánticos religiosos, mientras que la multitud congregada no cesa de aclamarla fervorosamente, muchos con lágrimas en los ojos.
La Romería de la Virgen del Cisne, celebrada anualmente entre el diecisiete al veinte de agosto, despliega un patrimonio de rituales, protocolos y tradiciones que no encuentra paralelo entre las manifestaciones marianas del mundo. Es precisamente esta singularidad la que la eleva como el emblema supremo de la identidad lojana.
