Crónica de una pasión lojana y algo más
Efraín Borrero Espinosa
La lidia de gallos finos llegó a América de la mano de los españoles, aunque se sabe que el origen remoto de estas aves y de la actividad se sitúa en Asia hace miles de años. A partir del siglo XVI la colonización española introdujo en el continente tanto los ejemplares como la cultura de la lidia. Tras fundar los cabildos y organizar los asentamientos coloniales buscaron en el ruedo un eco de su tierra; por lo mismo, fueron los funcionarios y los primeros vecinos quienes, entre el orden institucional y el ocio de la nueva urbe, sembraron esta pasión en los patios de las ciudades coloniales.
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