El baúl de los recuerdos: La aristocrática Laura Carbo y su esposo Isidro Ayora

Efraín Borrero Espinosa

En la biografía de Isidro Antonio Ramón Ayora Cueva, nacido en Loja el treinta y uno de agosto de 1879 y fallecido en Los Ángeles el veinte y dos de marzo de 1978, consta que contrajo matrimonio con la guayaquileña Laura Carbo Núñez, el diecisiete de julio de 1917. Una mujer de porte distinguido, alta, descrita como extremadamente bella; con una piel muy clara, de finos modales; nacida en opulenta cuna ya que su familia era parte de la rancia aristocracia guayaquileña. Sus padres fueron el acaudalado hacendado dauleño Vicente Enrique Carbo Aguirre y la aristócrata quiteña Rosa Elena Núñez Torres.

Para entonces, Isidro Ayora, graduado de Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central el veinte y uno de enero de 1905, y que gracias a una beca que le concedió el presidente Leónidas Plaza Gutiérrez cursó estudios de obstetricia y ginecología en la Universidad de Berlín, era un prestigioso médico obstetra cuyos servicios profesionales fueron muy demandados en su famosa clínica fundada en 1911, que llegó a ser la más prestigiosa de la capital.

Fue Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central y creador de la Escuela de Enfermeras; representante por la provincia de Loja en la Cámara de Diputados, período que duró hasta 1920, siendo reelegido para otro que concluyó en 1922.

La brillante trayectoria de Isidro Ayora Cueva, quien ejercía sus funciones con eficiente desempeño, dejó una honda huella en la Universidad Central de la que también fue su rector; en el Hospital San Juan de Dios de Quito; en la primera Casa-Cuna; en la alcaldía de Quito; en la entonces cartera de Previsión Social en la que se gestó la Ley Nacional de Asistencia Pública; en la Cruz Roja Ecuatoriana, y en el proceso de la más grande transformación institucional que se haya producido en el Ecuador, con la creación del Banco Central, Caja de Pensiones y Jubilaciones, Instituto Geográfico Militar, Procuraduría General de la Nación, Contraloría General del Estado, Direcciones del Tesoro y de Ingresos; Comisión Permanente del Presupuesto,  Dirección General de Aduanas, Superintendencia de Bancos y Dirección de Suministros del Estado, entre tantas destacadas realizaciones.

Volviendo a su vida matrimonial, Laura Carbo Núñez nacida el cinco de abril de 1892 y fallecida en Quito el veinte y nueve de julio de 1946, a la edad de cincuenta y cuatro años, fue menor a su esposo Isidro Ayora con trece años, una diferencia que, sin ser muy significativa con relación a otros casos, bien pudo dar lugar a discrepancias que ahondaron los desacuerdos.

De manera general podemos coincidir en que esos desacuerdos en muchas ocasiones generan cierto tipo de rencores entre los esposos, algunos de los cuales perduran en el ser interno. Hay quienes los consideren una parte natural del convivir matrimonial, ya que las parejas discrepan sobre ciertos asuntos, percepciones o prioridades; también puede darse el caso que los conflictos surjan por la incapacidad de expresar claramente pensamientos y sentimientos, lo que lleva a situaciones tensas.

Indudablemente que en la relación matrimonial el respeto mutuo es fundamental, porque constituye la base de la confianza, la seguridad y la conexión emocional entre los cónyuges. No cabe duda que la ausencia de respeto erosiona el amor.

Lo cierto es que, en alguna pelea marital subida de tono, Laura Carbo “sucumbió a la tentación de llamar indio a su esposo lo que provocó que la pareja se separase por algún tiempo”.  Me queda la duda que le haya dicho algo más.

Por aquella época decir a alguien indio tenía connotaciones despectivas no solamente en el Ecuador sino en algunos países de la región. La colombiana Pilar Lozano precisa que, “utilizado con tono despreciativo el término indio se vuelve sinónimo de inferior”.

Aunque la ropa sucia se lava en casa parece que el hecho trascendió a su círculo familiar. Afortunadamente de allí no pasó porque de lo contrario hubiera servido para el consumo solaz de sus enemigos políticos. Sin embargo, hay quienes aseguran que lo apodaban “Mirlo Negro” por su tez oscura, haciendo referencia a un ave conocida por su plumaje negro y canto melódico. Carlos Ortiz Arellano, historiador y Cronista de Riobamba refirió en alguna ocasión que las autoridades de Riobamba invitaron al Presidente Ayora a la inauguración del Colegio Maldonado. «En una velada artístico-literaria llevada a cabo como parte del programa, a la cual asistió el presidente, una alumna del colegio estrenó el poema “Elegía de la Raza” del vate riobambeño Miguel Ángel León. Cuando la declamadora llegó a la parte que dice. “Canta Mirlo Negro…” todo el mundo regresó a ver al Presidente Ayora, quien, como sintiéndose aludido, se paró de su asiento y aplaudió. Todo el mundo le secundó con una larga y sonora ovación»

Refiriéndome con respeto a Doña Laura, creo sinceramente que se le «Chispoteó», utilizando el término coloquial popularizado por el actor y comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños, porque lo habrá dicho de forma repentina que no pudo dar marcha atrás.     

Ciertamente que Isidro Ayora no era físicamente tan agraciado que digamos: trigueño, de baja estatura y con rasgos mestizos; pero las apariencias engañan porque venía de familias respetables. Su padre, Benjamín Ayora Armijos, fue un médico talentoso y caritativo cuyo nombre ha sido recordado con cariño y respeto por las buenas obras que realizó en bien de los desvalidos. Su madre, Beatriz Cueva Betancourt, era de distinguida ascendencia lojana y cuencana, como Mariano Cueva, un reconocido abogado que fuera Vicepresidente de la República en la época del Dr. García Moreno.

Sus hermanos: Benjamín Rafael y José María Ayora Cueva, fueron notables ciudadanos. El primero, un sacerdote que alcanzó la dignidad de Canónigo Doctoral de la Diócesis de Loja. La oración fúnebre que pronunció en el cementerio municipal el cuatro de agosto de 1937, con ocasión del primer aniversario del fallecimiento de Daniel Álvarez Burneo, es una exquisita pieza literaria; y, el segundo, José María, un prestigioso jurista, parla­mentario, Presidente de la Sociedad Jurídico Literaria de Quito; Presidente de la Corte Suprema de Justicia y Ministro de Estado en varias ocasiones.

Su tío materno: Manuel Benigno Cueva Betancourt, fue Presidente de la Corte Suprema de Justicia, diputado en varias oportunidades; ministro de Estado en cinco ocasiones; jefe civil y militar de Loja en 1895; Presidente de la Asamblea Constituyente de 1896; Rector del colegio Mejía en Quito; presidente de la Cámara del Senado en 1901 y vicepresidente de la República en la época de Eloy Alfaro.

Pero por encima del entorno familiar de Isidro Ayora, es evidente que Laura Carbo Núñez tuvo como esposo a uno de los más insignes ecuatorianos y “hombre monumental”, como se lo ha calificado; poseedor de una inteligencia aguda con la que pudo alcanzar los grandes logros en beneficio de los ecuatorianos.

El reconocimiento a su luminosa trayectoria incluyó el afecto del pueblo. Recordemos que, en su honor, así como en el de su esposa, se denominó popularmente al sucre como «ayora» y a la nueva moneda de cincuenta centavos acuñada por el novel Banco Central del Ecuador, como «laurita».

Cuando falleció su esposa en 1946, Isidro Ayora decidió acompañar a su hija Laura que vivía en San Fernando, California, y trabajaba como ejecutiva en el ramo de la televisión. 

En esas circunstancias el presidente Galo Plaza Lasso le rindió homenaje en 1951, y le hizo llegar una carta suscrita por numerosos amigos afectos al régimen, en la que pedían que aceptara la candidatura a la Presidencia de la República, pero se excusó ya que tenía setenta y dos años de edad.

Regresó al Ecuador al ejercicio profesional en la Clínica Isidro Ayora que años antes fundó. Fue electo nuevamente presidente de la Asociación Holstein Friesian. En 1954 presidió la Sociedad Médico Quirúrgica de Quito. En 1955 celebró sus Bodas de Oro Profesionales y la Universidad de Berlín le concedió el Doctorado Honoris Causa.

La muerte de Isidro Ayora Cueva fue muy sentida en todo el país: cantones, ciudades, calles y entidades públicas y privadas han consagrado su nombre. En Loja lo conservamos con orgullo y preservamos su memoria por todo lo alto.

La vida y obra de Isidro Ayora Cueva será analizada en un importante simposio a organizarse en el primer trimestre del año venidero, por parte de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, Capítulo Loja, cuya Directora Provincial, Susana Álvarez Galarza, considera necesario resaltar el nombre de tan ilustre lojano que con cariño a su tierra natal la sacó del aislamiento en el que se encontraba con la construcción de la carretera hasta Santa Rosa, hecho ocurrido a inicios de 1929 cuando ejerció la presidencia de la república. Evidentemente que será un evento académico de trascendencia.