Historia del Palacio Municipal de Loja

Efraín Borrero Espinosa

Reiteradas veces he manifestado que la Academia Militar “La Dolorosa funcionó en la vieja edificación situada en la intersección de las calles Bolívar y José Antonio Eguiguren de nuestra ciudad, levantada en su momento gracias al altruismo de la dama lojana Catalina Valdivieso González de las Heras. En esta sencilla y austera construcción llegó a funcionar el primer Colegio de Loja fundado en 1727.

Esa construcción miraba al parque principal y luego se vio estimulada con el aporte de Pío Valdivieso quien construyó el ala que da a la calle Bolívar, en cuya adecuación y ornato participaron la señora Rosa Valdivieso y Baltazar Carrión Aguirre, de tal manera que sirva tanto para el funcionamiento del Colegio como del Convento Jesuítico, como refiere Alfredo Jaramillo Andrade.

Posteriormente funcionó el Colegio San Bernardo, el Seminario de Loja y el Pensionado San Luis; es decir, un reducto donde germinó la luz del saber y se fomentó la educación y la cultura de Loja; en otras palabras, fue el vientre donde se gestó la identidad lojana.

Desde 1727 sus muros no solo sostuvieron techos de teja, sino el peso de una ambición mayor: convertir a nuestra ciudad en un faro de luces. No era solo adobe y cal, era una estructura que aprendía junto a sus alumnos, mutando del rigor clerical a la disciplina de la Academia Militar, pero manteniendo intacto su destino de fragua intelectual.

La década de 1960 sesenta marcó para la ciudad de Loja una época de introducción de la modernidad, lo que se evidenciaba en los cambios a nivel urbano que influyeron en la fisonomía e imagen de la urbe, así como en las edificaciones a nivel arquitectónico.

El centro histórico y sus alrededores fueron flanco de las primeras transformaciones, así como de la construcción de nuevas edificaciones. Por supuesto que la introducción del modernismo trajo consigo una serie de cambios que fueron contradictorios, ya que, en definitiva, se sacrificó el patrimonio material de la ciudad.

A pesar de todo, la municipalidad se dejó seducir por ese afán de modernidad que reclamaba nuevos espacios, y en sesión extraordinaria del 13 de julio de 1964, el Presidente del Cabildo, Vicente Burneo Burneo, informó a los concejales que había sostenido conversaciones preliminares con personeros de la Academia Militar «La Dolorosa» y con representantes de la Curia Diocesana, quienes se mostraban dispuestos a vender el predio donde funcionaba dicha institución educativa, con el propósito de construir en ese sitio el Palacio Municipal.

Argumentó que la dimensión de ese terreno era suficiente no solo para levantar el Palacio Municipal, sino para albergar en él todas las dependencias municipales, incluido un teatro. En cuanto al financiamiento se hizo notorio que, para la adquisición sería necesario gestionar un decreto supremo y que el pago podría realizarse en dividendos.

La iniciativa fue acogida con beneplácito por parte de los señores concejales y, en definitiva, se avanzó con las gestiones. Vicente Burneo Burneo, como Presidente del Ilustre Ayuntamiento, y Marcial Tandazo Román, en su calidad de Procurador Síndico, se encargaron de concretar la negociación con el Obispo de Loja y Presidente del Consejo Gubernativo de los Bienes de la Diócesis, Luis Alfonso Crespo Chiriboga, una vez que el Cabildo autorizó la compra.

Vale aclarar que Vicente Burneo Burneo actuaba en la calidad invocada, en virtud del Decreto Supremo número trescientos cuarenta y tres de veinte y siete de agosto de 1963, por el cual se cambió la denominación de Alcalde del Ilustre Municipio del Cantón Loja por el de Presidente del Ilustre Ayuntamiento.

Vicente Burneo logró que los fondos fueran autorizados por la Junta Militar de Gobierno mediante Decreto Supremo del treinta de septiembre de 1964, y también aseguró que la Caja del Seguro Social, a la que se había planteado un préstamo por cinco millones de sucres para la construcción del Palacio Municipal, ponga a disposición el dinero.

Definidas las condiciones del contrato, el día veinte y tres de diciembre de 1964 las partes contratantes acudieron a la Notaría Segunda del Cantón bajo la responsabilidad de Jorge Valdivieso Moreno, para suscribir la escritura de compra – venta. Cada uno de los comparecientes estuvo acompañado de sus testigos de honor: Vicente Burneo con los concejales y Luis Alfonso Crespo con los Miembros del Capítulo Catedralicio. Una multitud de gente copaba el despacho notarial a tal punto que algunos tuvieron que mantenerse parados y muy juntitos.

En la escritura se dejó en claro que la Curia Diocesana da en venta a favor del Municipio la casa – solar con un área total de cuatro mil veinte y cinco metros cuadrados, casi media hectárea. Constan como linderos: por el norte la casa de Ignacio Burneo Arias y con solar de la señora Josefa Arias viuda de Burneo; por el sur, con la calle José Antonio Eguiguren; por el oriente, con el edificio del Palacio de la Gobernación y con solar y casa del Consejo Provincial; y, por el occidente, con la calle Bolívar.

El edificio del Palacio de la Gobernación que se menciona era en realidad una construcción incipiente. Antes, en ese mismo sitio, existían viviendas de personajes importantes de la ciudad que fueron expropiadas para dar paso a la nueva sede gubernamental, cuyo proyecto quedó inconcluso por diversas razones administrativas y financieras. Tras permanecer años como una estructura incompleta, el predio fue finalmente adecuado para albergar a la Prefectura Provincial y a otras dependencias públicas como el Municipio y la mima Gobernación.
Recordemos que muchos años después, cuando Vinicio Suárez Bermeo fue Gobernador de la Provincia, el Presidente Sixto Durán Ballén proveyó los recursos necesarios para adquirir y refaccionar la casa patrimonial de los herederos de Julio César Ojeda, situada en la misma Plaza Central, a fin de destinarla para la sede de la Gobernación de la Provincia; una decisión inteligente acorde con el señorío de nuestra ciudad.

El precio que se pactó entre el Municipio y la Curia Diocesana fue de un millón setecientos mil sucres, abonándose una parte de contado y el resto por anualidades de cien mil sucres cada una.
La condición fue que la Academia Militar haga uso de la parte ocupada hasta julio de 1965. No se trataba de continuar con actividades educativas, porque a finales de 1964 y por resolución del mismo Obispo Luis Alfonso Crespo Chiriboga, los Hermanos de las Escuelas Cristianas se hicieron cargo del Colegio “La Dolorosa”. Simplemente tenían que sacar sus muebles y todo cuanto les pertenecía. De su parte, el Municipio podía disponer del tiempo suficiente para contratar los planos.

Gracias a la colaboración de Rosita Jaramillo, eficiente servidora municipal, pude acceder a las actas del Cabildo y conocer que el día dos de abril de 1965 el Ilustre Concejo Cantonal publicó las bases para un concurso de anteproyectos del Edificio de la Municipalidad. Los mejores arquitectos del país presentaron sus trabajos. En sesión del dos de septiembre del mismo año el Municipio procedió a calificar los diseños concursantes. El ganador resultó ser el arquitecto quiteño Juan Espinoza Páez considerado ícono de la arquitectura ecuatoriana.
El contrato que se suscribió con Juan Espinoza Páez comprendió la elaboración del proyecto definitivo, incluyendo planos arquitectónicos detallados con cortes, plantas, fachadas y perspectivas; detalles constructivos de todos los elementos arquitectónicos: funcionales y ornamentales; planos estructurales completos; planos de instalaciones de agua potable, desagüe, aguas lluvias, electricidad, iluminación y distribución telefónica, y una memoria descriptiva detallando el presupuesto del costo del edificio.

El plazo de entrega del proyecto se fijó hasta el quince de diciembre de ese año. La dirección arquitectónica comprendería visitas de al menos cuatro días al mes durante dos años de construcción, por las que el Municipio reconocería mil sucres mensuales por gastos de movilización y viáticos.

El cuatro de enero de 1966 el Concejo Municipal conoció los planos del proyecto definitivo presentados por el arquitecto Juan Espinoza Páez, los que fueron aprobados por unanimidad, autorizándose al Presidente para que efectuara el pago correspondiente. Al mismo tiempo se le autorizó para que notificara a todos los arrendatarios de la casa donde se construirá el Palacio, ya que dentro de breves días se procedería a la demolición del mismo. Entre los inquilinos estaban: «Mama Chayo» del salón Estambul, Carlos Toledo, Notario Público, y Godofredo Cazar, administrador de la Librería San José.

El dos de agosto de 1966 el Concejo Cantonal conoció el informe de la comisión encargada de seleccionar al Director Técnico de la construcción del Palacio Municipal, cuyo concurso había sido convocado entre ingenieros y arquitectos del país. Se presentaron como aspirantes los siguientes profesionales: Ing. Rodrigo Samaniego Salazar, Ing. Nelson Eduardo Farfán Ricaurte, Ing. José Víctor Alarcón, Ing. Luis Freire, Ing. Pedro Gavino Morales, Ing. Jaime Castro León, Ing. Edgar Castro, Ing. Carlos Flores López, Ing. Leonidas Moscoso, Ing. Marco Cabezas, Egresado José Beltrán Beltrán, Ing. Arnulfo Barahona, Ing. Carlos Nieto, Ing. Carlos Abarca Montesinos y el Arq. Gastón Ramírez.

La Comisión concluyó categóricamente que el Ing. Carlos Abarca Montesinos era quien había presentado las mejores y más numerosas certificaciones provenientes de personalidades de primer orden de la vida nacional, y recomendó al Concejo su designación, como en efecto ocurrió.

Abarca se puso manos a la obra e inició de inmediato la construcción del Palacio Municipal, cuyo diseño rompió con la característica de portales que distinguen a la plaza central e incorporó nuevos elementos en nuestro medio. Fue el primer edificio que tuvo ascensor eléctrico en nuestra ciudad.

Correspondió a Jorge Eduardo Riofrío Samaniego, Alcalde designado por Otto Arosemena Gómez, Presidente Interino de la República, continuar la obra de su antecesor Vicente Burneo Burneo.

Jorge Riofrío Samaniego, nacido el seis de julio de 1914, casado con María Piedad Vivar Castro, demostró en su corta gestión una acrisolada honradez y ferviente deseo de servir a Loja, como lo hizo cuando ejerció el rectorado del Colegio Bernardo Valdivieso, Gerente del Banco Nacional de Fomento, Senador y Diputado. A pesar de su meritísima trayectoria su retrato no consta en la galería de alcaldes de Loja, porque algún desubicado así lo dispuso.

Los trabajos de construcción del Palacio Municipal demoraron más del plazo que había previsto Juan Espinoza Páez, tanto por la serie de innovaciones que se hacían en el camino como por problemas económicos que se presentaban.

Fue en noviembre de 1970, en la alcaldía de Rubén Ortega Jaramillo, que se pudo estrenar el edificio faltando obras por concluir.

Las innovaciones subsistieron años posteriores, especialmente en la fachada que a pocos gustó. En alguna alcaldía se invitó a la ciudadanía a participar en el primer ensayo de los once bocetos para el arreglo de la quinta fachada del Palacio Municipal.