Luis Antonio Quizhpe
La fe es una de las tres virtudes teologales que se sustenta en la confianza profunda y la seguridad en uno mismo o en alguien y que por lo general produce efectos positivos, da paz interior, satisfacción personal, fuerza y esperanza para seguir adelante. Con razón Jesús dijo: “La fe mueve montañas” y, León Tolstoi afirmó: «No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida».
El mundo cristiano concibe la fe como la esperanza de alcanzar la gloria celestial. El universo seglar la entiende como la certeza interior, la garantía de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Para ello el hombre debe poseer confianza en sí mismo, lo que le ayudará a superar problemas difíciles y mantener la calma en los momentos sombríos y, fuerza e impulso personal para realizar grandes proyectos y mantener la estabilidad emocional. Y qué mejor haciendo lo que Martin Luther King decía: “Da el primer paso en la fe. No necesitas ver toda la escalera, solo da el primer paso”.
Este valor lo destacamos en la crónica: “San Francisco en Belén” de nuestra autoría, publicada en el libro “Refugio de arcilla y soledad” en 2008. Sucede que por los años 1965 las corrientes frías de Humboldt y cálida de El Niño produjeron tremendos estragos a la provincia de Loja, con el ataque de plagas, pestes y desoladoras sequías que obligaron a sus habitantes a la diáspora masiva hacia las capitales provinciales, a la costa y al oriente ecuatoriano. Los ejidos lojanos: Motupe, Carigán, Consacola, Plateado, Alumbre, Borja, Obrapía y Belén no eran más que eriales muertos.
Frente a la furia de la naturaleza los caciques Segundo Coronel, Anselmo Puchaicela, Ramón Pinos, Manuel Uchuari, José Antonio Benítez, de las comunidades de El Plateado y Belén se idearon una solución: trocar una imagen de San Francisco de Asís, patrono de los pobres, traerla en magna procesión desde la Iglesia de San Francisco y celebrar una misa campal frente a la capilla rústica del barrió y luego recorrer por la comunidades de Belén, Plateado y Los Eucaliptos.
Comoquiera reunieron los 125 sucres para la estatua y, una vez trocada la imagen salieron en procesión por Los Ahorcados hasta El Pedestal, Borja y Belén, en compañía del Padre Luis Florencio León y un grupo de beatas que rezaban y cantaban de lo lindo. Toda la muchedumbre estaba feliz con el santo en el barrio, con la música del conjunto de don Julio Coronel y con la esperanza de que algún día lloverá.
Luego de una eucaristía muy sentida, donde todo mundo se confesó y comulgó, el padre León presidió el cortejo hacia el pie del Villonaco y apenas pasaban por El Plateado, el cielo se nubló y con truenos y relámpagos cayó un pertinaz aguacero que inundó a toda la comitiva, la cual se mojó con gusto porque no había recibido agua hacía tiempos. Por eso los patriarcas de estos ejidos, apenas viene el verano, celebran una misa de rogativa y sacan al santo en peregrinación con sus fieles para que caiga el agua del cielo.
