Más de un siglo de tradición: esteras de Otavalo llegan a Loja

Victorio Otavalo Méndez, comerciante de Otavalo que cada año visita Loja.

La comercialización de esteras sigue presente en Loja durante la temporada de Feria y las festividades de la Virgen del Cisne, aunque con menor intensidad que en el pasado. Esta labor, mantenida principalmente por familias otavaleñas, preserva un oficio heredado por generaciones que aún encuentra compradores en la ciudad.

Tradición centenaria

En diálogo con Diario Crónica, Victorio Otavalo Méndez relató que su familia se dedica a esta actividad desde hace más de 120 años. Provenientes de la zona del lago San Pablo —donde recolectan la totora como materia prima—, la tradición comenzó con sus bisabuelos y ha pasado de padres a hijos y nietos, quienes cada año viajan hasta Loja.

Su recorrido comienza en agosto por sectores como El Cisne, San Pedro y Catamayo. En septiembre llegan a Loja, instalándose principalmente en la calle Juan José Samaniego, en los exteriores del Centro de la Memoria Histórica San Juan de Dios.

“Venimos durante la Feria y las fiestas de la Virgen; al terminar, regresamos a Otavalo para retomar nuestras actividades y esperar hasta el siguiente año”, comentó.

Demanda

Aunque la tradición se mantiene, Otavalo Méndez señala que las ventas han disminuido considerablemente. Antes, los clientes adquirían de cinco a ocho unidades en una sola compra; hoy, la mayoría solo pregunta el precio o lleva una sola.

Por ejemplo, para este 2026, trasladó cerca de 1.000 esteras —por debajo de las 1.500 que solía movilizar en años anteriores—, y, actualmente, al finalizar las fiestas aún conserva gran parte de ellas. Según el comerciante, esto se debe a que las nuevas generaciones han cambiado sus hábitos: antes eran muy comunes para descansar sobre el suelo, mientras que hoy usan alfombras tradicionales.

Proceso

Detrás de cada pieza existe un trabajo completamente artesanal. La totora, obtenida del lago San Pablo, es utilizada para elaborar las esteras en un proceso que requiere paciencia y dedicación.

La confección de una sola pieza toma aproximadamente cinco horas y, debido a la resistencia del material, puede durar entre ocho y diez años, dependiendo del uso y los cuidados que reciba. Una vez terminadas, las esteras se enrollan para facilitar su transporte y almacenamiento.

Los precios varían de acuerdo con el tamaño: las grandes tienen un costo de USD 12, mientras que las medianas se ofrecen entre USD 8 y USD 10.

Múltiples usos

En las comunidades de Otavalo, la misma materia prima también es aprovechada para elaborar canastas y recipientes, utilizados tanto para decoración como para almacenar alimentos, entre ellos pan y maíz. Sus comerciantes esperan que estas creaciones también tengan acogida en Loja y puedan encontrar nuevos usos entre los compradores.

“A pesar de la menor demanda, seguimos viajando a Loja cada año y permanecemos en el mismo sitio, manteniendo viva esta tradición que heredamos de nuestros bisabuelos”, concluyó.