
Han transcurrido 25 años desde aquel 11 de septiembre de 2001 que marcó un antes y un después en la historia de Estados Unidos. Los atentados dejaron 2.977 personas fallecidas y más de 6.000 heridas. A las víctimas de aquella jornada se suman quienes, con el paso de los años, desarrollaron enfermedades relacionadas con las consecuencias de los ataques.
Fecha
Ese día, cuatro aviones comerciales fueron tomados por 19 integrantes de Al Qaeda, quienes desviaron las aeronaves de sus rutas y las utilizaron para ejecutar los ataques. El primero ocurrió a las 08h46, cuando el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York. Minutos después, a las 09h03, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur.
Mientras en Nueva York se desarrollaban los ataques contra las Torres Gemelas, los otros dos aviones también fueron dirigidos hacia objetivos en territorio estadounidense. El vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el Pentágono, en Washington, mientras que el vuelo 93 de United Airlines cayó en un campo cercano a Shanksville, Pensilvania. La aeronave habría tenido como objetivo el Capitolio, pero los pasajeros y la tripulación intentaron recuperar el control de la cabina.
En cuestión de horas, los cuatro ataques dejaron 2.753 víctimas en el World Trade Center, 184 en el Pentágono y 40 pasajeros y tripulantes del vuelo 93. Las víctimas tenían distintas nacionalidades, edades y procedencias, y entre ellas también estuvieron ciudadanos ecuatorianos que se encontraban en Nueva York aquel día.
Víctimas
La tragedia también alcanzó a Ecuador. Entre quienes murieron en el World Trade Center se encontraban 15 ecuatorianos: Henry Romero, de Biblián; Moisés Rivas, de Azogues; Manuel Asitimbay, de Cañar; Telmo Alvear, de Paute; Luis Chimbo, de Cuenca; Blanca y Leonel Morocho, de Sígsig; Fabián Soto, de Macará; Giann Franco, de Ambato; Jesús Cabezas, de Riobamba; Hugo Sañay, de Alausí; José Cardona, de Manta; y Xavier Suárez, Kléver Molina y Luis Jiménez, de Guayaquil.
Detrás de cada nombre quedó una historia familiar marcada por la ausencia. Entre ellas está la de Fabián Soto, un macareño que había viajado a Nueva York en busca de mejores oportunidades y que encontró en el trabajo en el World Trade Center una forma de construir el futuro de su familia.
En aquel entonces, Soto tenía 29 años y trabajaba como limpiador de ventanas del World Trade Center para la empresa ABM Industries. Había conseguido un puesto sindicalizado apenas unas semanas antes de los atentados y realizaba labores de limpieza en los edificios.
Su vida transcurría entre el trabajo, el fútbol y el gusto por la ropa y el baile. Quienes lo conocían recuerdan una frase que solía repetir: “Vive el momento y no te preocupes por el futuro”. Su esposa, Elda, contó que Fabián incluso estaba convencido de que moriría joven.
Sin embargo, detrás de esa manera de pensar había un proyecto de vida. Después del nacimiento de su hijo, Juan Fabián, dejó Macará y viajó a Nueva York con la intención de conseguir mejores condiciones para su familia. Su esposa también se trasladó posteriormente a Estados Unidos, mientras el niño permaneció al cuidado de sus abuelos en Ecuador.
Cuando ocurrieron los atentados, los trámites para que Juan Fabián pudiera reunirse con sus padres en Nueva York estaban en marcha. Fabián se encontraba trabajando en el mirador del World Trade Center cuando los aviones impactaron contra las Torres Gemelas.
Veinticinco años después, su recuerdo permanece en su familia. Su hijo y su madre han llevado camisetas con una fotografía de Fabián y una frase que resume la huella que dejó: “Siempre en nuestros corazones”.
