Santiago Armijos Valdivieso
Es indudable la importancia que tienen las redes sociales en nuestra vida cotidiana, tanto por la enorme cantidad de usuarios como por la ilimitada información que se puede obtener a través de ellas. Como toda herramienta tecnológica de este mundo globalizado, pueden ser positivas o negativas según su utilización, ahora con un explosivo ingrediente más: la inteligencia artificial. Pero ese es tema para otro artículo.
A favor de las redes sociales se puede argumentar que facilitan el contacto permanente entre familiares y amigos separados por las distancias que median entre ciudades, países y continentes, y que permiten la divulgación instantánea de información cultural, comercial, geográfica, social y musical. A ello se suma la posibilidad de expandir fronteras y superar limitaciones.
En su contra se puede mencionar la alteración de la personalidad del usuario, pues lo inducen a desconectarse de la realidad, a proyectar lo que no es y a encerrarse en una suerte de burbuja que cada vez lo aísla más y le atrofia su predisposición al contacto humano real. Entre lo negativo se cuentan, además, la proliferación de expresiones cursis, distorsionadas y banales; la exposición a delitos informáticos contra la propiedad, la honra o la privacidad, y la permisividad para expresar insultos, mezquindades y todo aquello que se relaciona con los bajos instintos. El caso de la política resulta particularmente preocupante, dado el nivel de insultos y bajezas que marcan monstruosamente el debate.
Sin embargo, al hacer las sumas y las restas, consciente de que toda herramienta, incluidas las tecnológicas, es buena o mala según el uso y el destino que se le dé, considero que pesa más lo positivo: las redes sociales representan la posibilidad de comunicarnos, de superarnos y de acceder al conocimiento; la libertad de expresión responsable, y la integración con el gran tejido social del mundo. Todo ello, evidentemente, bajo el acecho de la basura y la maldad que siempre estarán rondando los rincones y recovecos de la interacción digital masiva.
En lo personal, utilizo Instagram, Facebook y WhatsApp para el contacto con mis familiares y amigos, y X, Threads o YouTube para enterarme de los sucesos mundiales, nacionales y locales que marcan nuestras vidas.
Con el control parental adecuado y evitando excesos, incluso considero conveniente que los adolescentes usen las redes como herramientas virtuales para acceder al conocimiento, a los idiomas y a la cultura mundial.
Reitero que existen peligros intrínsecos que acechan en el mundo de las redes sociales, pero condenarlas o prohibirlas es abrazar lo retrógrado, la restricción de derechos, el abuso del poder del Estado y el encarcelamiento de las ideas y del espíritu. El ejemplo más grave de ello es lo que sucede en la brutal dictadura de Corea del Norte, donde la restricción al internet y a las redes sociales es total. Menos grave, pero igualmente lamentable, es lo que ocurre en Turkmenistán, Rusia, Irán y China, países en los que las redes sociales de Occidente están bloqueadas y, por lo tanto, no pueden utilizarse.
Usemos las redes sociales con cuidado, con responsabilidad y seleccionando contenidos provechosos. Tomemos lo bueno de estas poderosas herramientas y aprovechemos sus inmensas fuentes de información para ejercer nuestras libertades.
