Quilanga, 14 de octubre de 2026
Entre camisetas de colores partidistas, rostros rejuvenecidos y reuniones donde los amigos de ayer hoy son adversarios, la conversación cotidiana se ha llenado de propaganda. Sin embargo, en medio del bullicio estamos descuidando lo fundamental: la evaluación objetiva de quienes nos han gobernado y la calidad de vida que merecemos bajo la dirección de quien resulte electo el próximo 29 de noviembre. En este ambiente les invito a responder tres preguntas: ¿qué es gobernar?, ¿cuál es el perfil que requiere un gobernante? y ¿cómo exigimos propuestas coherentes con las necesidades de la provincia, cantón y parroquia?
Etimológicamente, la palabra gobernar proviene del latín gubernāre y del griego kybernân, cuyo significado original es «pilotar o guiar un barco». El gubernator era el timonel encargado de llevar la nave a puerto seguro. La premisa es clara: el máximo objetivo de un gobernante es conducir a su pueblo hacia mejores días, garantizando que cada período de gestión deje indicadores superiores de bienestar y prosperidad.
Desde la teoría y la historia política, gobernar exige equilibrar cuatro dimensiones: la política, la administrativa, la comunitaria y la social. Desde la política, se requiere definición ideológica para saber qué se quiere lograr; desde la administración, capacidad técnica para ejecutar programas y manejar con honestidad y eficiencia los recursos públicos (gestionar no es acumular trámites en un escritorio). Desde lo comunitario, el gobernante debe canalizar las verdaderas aspiraciones del pueblo en lugar de imponer proyectos individuales. Como planteaba Michel Foucault, «gobernar no es solo dictar leyes o usar la fuerza, sino estructurar el campo de acción de los otros». Hoy en día, la gestión pública trasciende lo autoritario y exige una verdadera gobernanza: horizontal, coordinada y basada en alianzas.
Bajo este marco teórico, propongo cinco criterios para analizar a cada aspirante:
1.Identidad y arraigo social: Líderes que reflejen con autenticidad la identidad, valores y necesidades cotidianas de su comunidad.
2.Formación académica y técnica: Es el respaldo de credibilidad para comprender la complejidad de lo público y lo privado.
3.Experiencia con resultados: Conocer y Evaluar qué proyectos ejecutó en el ámbito público o privado, qué presupuestos optimizó y qué problemas concretos resolvió.
4.Empatía y presencia territorial: Escucha activa y permanencia continua en el territorio, no únicamente en época de campaña.
5.Liderazgo visionario e integrador: Un líder nato que articule diferentes posturas, actúe con resiliencia en momentos de crisis, comunique sus ideas con sencillez e inspire cohesión.
Gobernar, entonces, es la noble responsabilidad de guiar a una sociedad hacia un futuro de desarrollo. En estas elecciones, no nos conformemos con la superficialidad ni con las promesas de ocasión. El destino de nuestros pueblos no puede depender del azar, sino de la madurez con la que evaluemos a los candidatos y decida cada elector al momento de entregar el timón.
