Finanzas en el matrimonio

Fernando Oñate

En esta tercera entrega nos centraremos en las finanzas del matrimonio, las que mal llevadas se constituyen en una verdadera prueba de fuego para la unidad, la confianza y el trabajo en conjunto de la pareja. El choque de hábitos de consumo, las expectativas sobre el nivel de vida y la presión por alcanzar estabilidad material de forma inmediata pueden convertirse rápidamente en una fuente de profunda ansiedad y conflicto. Por ello, abordar la economía del hogar exige abandonar cualquier rastro de individualismo para construir una visión compartida, donde el presupuesto deje de ser un campo de batalla y se transforme en un acuerdo que fortalezca el compromiso y proteja el futuro de la relación.

Las tensiones financieras en el matrimonio rara vez se tratan solo de falta de dinero; casi siempre son un reflejo de prioridades opuestas, luchas de control o falta de transparencia.

El libro de Génesis manifiesta que el hombre y la mujer serán “una sola carne” (Génesis 2:24), por lo que todo es competencia de ambos, y esto incluye, por supuesto, a las finanzas.  La «infidelidad financiera» (ocultar compras, tener tarjetas de crédito secretas o mantener la mentalidad individualista de «mi dinero y tu dinero”) destruye la confianza rápidamente. La pareja debe fusionar su visión económica, asumiendo que los ingresos y las deudas son responsabilidad de ambos.

Un matrimonio exitoso financieramente debe administrar los recursos con sabiduría. “Porque si en el manejo de las riquezas injustas ustedes no son confiables, ¿quién podrá confiarles lo verdadero? (Lucas 16:11, RVC) y para manejar bien las finanzas se requiere una planificación estricta. Un presupuesto no debe verse como una restricción, sino como un acuerdo mutuo donde ambos deciden estratégicamente a dónde irá el dinero antes de gastarlo, eliminando las discusiones a fin de mes y evitando que el dinero se use como herramienta de poder o manipulación. Se debe tener claro además, que obtener préstamos no es una solución ya que “el pobre trabaja para el rico; el que pide prestado se hace esclavo del prestamista” (Proverbios 22:7, TLA).

La cura definitiva contra el asfixio financiero no siempre es ganar más, sino aprender a desear menos. La palabra nos enseña “No amen el dinero; estén contentos con lo que tienen, pues Dios ha dicho: Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré” (Hebreos 13:5). Disfrutar de una vida sencilla y ajustada a la realidad actual protege a la pareja del agotamiento físico y emocional que produce trabajar sin descanso únicamente para sostener una imagen de éxito ante los demás. No olvidemos que el Señor promete que jamás los abandonará.