El danés Hans Christian Andersen fue un célebre escritor y poeta, hijo de un humilde zapatero y de una lavandera, pero es reconocido universalmente como el padre de la literatura infantil. Escribió más de un centenar de cuentos inocentes y de hadas, convertidos hoy en obras clásicas de la literatura infanto-juvenil. Son historias combinadas con recursos fantásticos y reales, pero con ciertas pinceladas de melancolía o angustia existencial, lo que ha permitido adaptarlas al cine, el teatro y el ballet.
La historia es sencilla y candorosa: Una mamá pata anidó sus huevos, pero al nacer el último, resultó ser un polluelo grande, torpe y de color gris. Como fue un pato raro que no se parecía a los demás, sus hermanos patos, los animales de la granja se burlaban de él y lo maltrataban. Cansado de tanta burla de la familia huyó triste y pasó un duro invierno sufriendo de frío y soledad en el campo. Pero, al llegar la primavera, vio un grupo de hermosos cisnes en un estanque y, al asomarse a ver su propio reflejo en el agua, descubre que no era un pato feo, sino un hermoso y elegante cisne blanco.
El patito feo nos enseña valiosas lecciones sobre aceptación, respeto, resiliencia, empatía y crecimiento personal, valores fundamentales para una convivencia armoniosa y enriquecedora. Aceptación y autoaceptación, en el sentido de admitir a los demás tal como son, así como aceptarse a uno mismo, incluso si nos sentimos diferentes o desplazados. Respeto a la diversidad, es decir, la valoración de la diferencia en todas sus formas, ya sea en apariencia, habilidades o personalidad.
Además, resiliencia y perseverancia, con la idea de enfrentar varias dificultades y rechazar la apariencia, aunque se debe seguir adelante con determinación y perseverancia hasta encontrar un lugar en el mundo. Empatía, cuando nos ponernos en el lugar de otros que pueden sentirse diferentes o excluidos y actuar compasivamente ante ellos. Transformación y crecimiento personal, porque muestra que el cambio de estas virtudes es posible y que a veces nuestras mayores fortalezas pueden estar ocultas detrás de lo que parece ser una debilidad.
El patito feo salió a luz de los lectores el 11 de noviembre de 1843 en Copenhague, Dinamarca, es decir, hace 183 años, dentro de la colección Nuevos cuentos de Hans Christian Andersen. Sin embargo, sigue vigente para la lectura de infantes y niños de cero 100 años, porque encierra toda una belleza, no solo por su estilo literario, sino por una serie de moralejas que enseña a los lectores a no juzgar a las personas por su imagen física, sino a encontrar la belleza en el alma y en el lugar donde uno es aceptado y querido.
Resulta placentera la lectura de la obra porque funciona como fábula moral y como una metáfora educativa, abogando por el respeto a la identidad y el rechazo a las apariencias. Desde la pedagogía moderna, “el valor de una persona no está en transformarse en un hermoso cisne, sino en el aprecio intrínseco que merece por el simple hecho de existir, sea cual sea su aspecto”.
