LA PACIENCIA TODO LO ALCANZA

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

Según el pensamiento de San Agustín la sabiduría es el camino hacia la verdad y la felicidad, personificada en Jesucristo.  En el Verbo Encarnado residen todos los tesoros del conocimiento. Para Agustín existe una estrecha relación entre fe y razón: “Entiende para creer, cree para entender”. Las dos se complementan y actúan juntas para alcanzar la sabiduría cristiana. Estos fundamentos, tan universales como nuestra búsqueda de la verdad, nos llevan a argumentar que la verdadera sabiduría es incompatible con la soberbia. Comienza con el temor de Dios y la humildad para reconocer nuestra fragilidad. Hay una relación cercana entre sabiduría y vigilancia.

La sabiduría es la posesión del bien supremo, que es Dios, en tanto que la vigilancia es la custodia paciente del corazón frente a las tentaciones y las distracciones del mundo. No podemos ser sabios si vivimos espiritualmente dormidos. Una de las referencias bíblicas muy elocuentes del libro de la Sabiduría señala que “a los que son dignos de ella, ella misma sale a buscarlos por los caminos; se les aparece benévola y colabora con ella en todos sus proyectos…quien por ella se desvela pronto se verá libre de sus preocupaciones”. La Palabra de Dios ilumina el pensamiento de quienes piden al Espíritu Santo la gracia de recibir sus dones para que formen parte de su vida. En este domingo, el Evangelio de San Mateo, nos invita a leer la parábola de las diez vírgenes sensatas.

El relato, escrito en el contexto de una crisis debido al drama que desarrolla y cuyo centro de atención se enmarca en una necesaria actitud de espera, responde a la incertidumbre sobre el momento de la segunda venida de Jesucristo. Pretende describir la realidad de los discípulos de la primera comunidad cristiana durante la ausencia del Señor. El drama alcanza su nivel más alto debido a la tardanza del novio que provoca que todas las jóvenes que quieren participar en el banquete de bodas se duerman. Cinco de ellas son prudentes, porque han llevado reserva de aceite en sus lámparas.

Las otras cinco, por su parte, no tuvieron la precaución de hacerlo. El aceite, en la Sagrada Escritura, simboliza la importancia de la fidelidad. Jesús, en algunos pasajes de los evangelios, exhorta con firmeza a la vigilancia para no caer en la tentación de la dispersión y del pecado. La fidelidad, recalcamos, es un valor personal. De esta manera, podemos entender la actitud de las vírgenes que no comparten su aceite con sus compañeras. El discípulo debe dar razón de su compromiso con la misión encomendada. San Mateo identifica a Jesús con el esposo, protagonista central en el banquete del Reino. Jesús quiere que permanezcamos unidos a Él, la vid verdadera. San Agustín exhorta con claridad a no parecernos a “un alma desatenta o descuidada” porque “permite que el orgullo, la soberbia o los deseos descontrolados entren y deformen su medida interior, perdiendo así la comunión con la Sabiduría Divina”.

La oración es el canal donde el ser humano recibe la sabiduría de Dios. Una oración sin vigilancia pierde toda su riqueza. La mente debe velar para permanecer unida al deseo de Dios, resistiendo el cansancio espiritual.