Perdiendo la inocencia a la vejez

César Augusto Correa

En mi infancia no me cabía duda alguna de que todos los ecuatorianos amábamos al país y estábamos dispuestos a sacrificarnos por su progreso, integridad y engrandecimiento. Nunca escuché a alguien emitir una opinión diferente; era algo sobre lo que no cabía discusión.

Llegadas las elecciones lo que debía hacerse era acertar para que gane el más inteligente de los candidatos. Y yo creía que el mejor de todos era Velasco Ibarra; en la campaña de 1960, cuando estaba en el sexto curso del Bernardo Valdivieso, lo fui a recibir y lo acompañé desde El Pedestal hasta el centro de la ciudad.

En los años 60 comprendí que conservadores y liberales eran los enemigos de los cambios que podrían servir para establecer la justicia social y en 1964 participé en la fundación del Partido Demócrata Cristiano del Ecuador, que introdujo una nueva ideología anticapitalista. Nos colocamos en la oposición a la dictadura militar, a Clemente Yerovi, a Otto Arosemena, a Velasco Ibarra. A pesar de la crisis por la total reducción de la exportación de banano, estos gobiernos hicieron algunas obras en cada una de las provincias.

A partir de agosto de 1972 comenzamos a exportar petróleo y su precio subía todos los meses, de suerte que Rodríguez Lara pudo construir muchas obras, siendo la hidroeléctrica de Paute la más importante. Creó ENAC y ENPROVIT e hizo otras inversiones que mejoraron algo las condiciones de vida de los trabajadores. Y quienes militábamos en las organizaciones sindicales lo hicimos sin sufrir persecución.

A 1979 llegaron agotados los partidos conservador y liberal, despertando enormes esperanzas entre los ecuatorianos. el 10 de agosto se posesionó Jaime Roldós como presidente, duplicó el salario mínimo e intentó algunos cambios sociales progresistas, pero la muerte lo sorprendió pronto. Oswaldo Hurtado, máximo dirigente de la Democracia Cristiana, asumió la Presidencia, sin tener poder económico ni político, en consecuencia no impulsó cambio alguno, hizo eso sí una fuerte inversión en educación y en 1983 dio paso a la SUCRETIZACIÓN, por la cual el pueblo pagó las deudas que los empresarios tenían en el exterior, lo que frustró al electorado de centro izquierda y creó condiciones para que gane la Presidencia el social cristiano Leon Febres Cordero, en cuyo gobierno no hubo mayor persecución a los elementos de la Democracia Popular y de la ID, porque estos partidos controlaban la Cámara de Representantes, la función jurisdiccional y la mayoría de gobiernos seccionales. 

Rodrigo Borja gobernó de 1988 a 1992. No hizo cambios estructurales, pero obligó a todos a respetar la Constitución. En 1992 llegó Sixto Durán e impartió una orden: «Ni un solo contrato para la gente de la Izquierda Democrática», lo que provocó abundantes deserciones. Se castigó duramente a los que se habían atrevido a hablar de socialismo democrático y habían colocado en la administración pública a personas del sector popular, destruyendo muchos viejos caciquismos provinciales, cantonales y parroquiales. Aún seguíamos soñando en salir del atraso.

Luego, hasta 2006 se sucedieron varios gobiernos de derecha, que de todas maneras algunas obras hicieron, con las que además justificaban el traspaso de los petrodólares a las cuentas corrientes de los grandes empresarios. Aún quedaba la idea de que todos los partidos deseaban hacer algo por el desarrollo de la nación.

  1. Por último, llegó Rafael Correa que emprendió febrilmente en la construcción de centenares de grandes obras públicas por todo el territorio. Mejoró todos los aspectos de la vida social y el pueblo aplaudió pletórico de felicidad lo que veía. En 2017 votó a favor de que continúe el proyecto del socialismo del siglo XXI, sin saber que el imperialismo ya lo había comprado a Moreno. A pretexto de combatir la corrupción la derecha enquistada en el gobierno se lanzó a destruir todos los servicios públicos. No hay nada que no hayan dañado. Lasso nos ha demostrado contundentemente que la derecha no acepta ni tolera que el pueblo goce de aceptables condiciones de vida, que es de su supremo interés mantener a los trabajadores con el agua al cuello.