Diego Lara León
Respetar las diferencias, ya sean de raza, cultura, religión o incluso discapacidades, no solamente es importante en un mundo cada vez más globalizado, sino que prepara a las nuevas generaciones para ser solidarios, a valorar y aprender de otros, a ser tolerantes y respetuosos, y a evitar que tomen decisiones basadas en prejuicios y estereotipos.
¿Sabían que los niños no nacen con prejuicios? No discriminan, ni le dan importancia a las nacionalidades, al color de piel o al idioma. A un niño no le importa de dónde sea otro niño, ya que habla el lenguaje universal de los juegos. Desafortunadamente, nuestra educación, nuestro entorno y parte de nuestros rasgos culturales, son ese caldo de cultivo para que los niños a lo largo de su vida adquieran prejuicios a partir de lo que observan en su entorno, al igual que los valores, estos se transmiten de padres a hijos. Por eso es tan importante ayudarles a tener una mente abierta enseñándoles con el ejemplo.
En la familia, en la escuela y en el trabajo, tenemos la obligación de desarrollar actitudes que no discriminen. Los niños, para bien o para mal, son mucho más conscientes de lo que ocurre a su alrededor de lo que los adultos pensamos. Nos escuchan, nos ven y saben distinguir cuándo mentimos, nos sentimos incómodos y cuándo lo que decimos y lo que hacemos se contradice. Prestemos atención, a nuestras actitudes, el lenguaje no verbal nos delata y los niños, según los expertos, son campeones para leer el lenguaje no verbal.
Los niños, al igual que nuestros colaboradores, se inspiran en las personas que quieren y admiran, en su modo de ver el mundo y de interactuar con los demás. Por eso es importante que sean un modelo positivo a seguir. ¿Tienen ustedes algún prejuicio?, seguro que sí, todos los tenemos. ¿Tienen relación con personas de otra religión, raza, cultura?, si no tienen deberían, eso enriquece la mente y el espíritu. ¿Alguna vez han sentido discriminación? Antes de hablar sobre la tolerancia, pensemos antes si hemos sido discriminados y cuál fue nuestra actitud ante la discriminación. Antes de querer ayudar a alguien a valorar la diversidad, debemos corregir estereotipos que hayamos aprendido haciendo este ejercicio de conciencia.
Ser conscientes y respetar las diferencias que hay entre todos los miembros de la familia es el primer paso. ¿Cómo tratamos a nuestros padres? ¿Qué se dice en la mesa en relación a las diversas habilidades, intereses y estilos de cada uno? ¿Nos valoramos aunque seamos diferentes? Recordemos que la tolerancia no significa tolerar comportamientos inaceptables, implica tratar a los demás con respeto.
Ayudemos a quienes están a nuestro alrededor a sentirse bien consigo mismos. Las personas con una autoestima saludable se valoran y se respetan, y es más probable que traten a los demás de la misma manera. Las personas que no se sienten cómodas siendo quienes son, tienden a tratar mal a los demás.
Nos emociona y enorgullece cuando un paisano triunfa en otras latitudes, pero criticamos al foráneo que triunfa en nuestra tierra. ¿Nuestro vecino que migró y alcanzó el éxito, pudiera haberlo hecho si las personas de ese lugar hubieran tenido la actitud nuestra frente al extranjero?
Debemos ser coherentes, los seres humanos no son buenos o malos por ser de aquí o de allá, por ser blanco o negro, cristiano o musulmán. Los seres humanos son buenos, cuando son buenas personas.
Queremos un mundo mejor y más tolerante, pues empecemos siendo mejores y más tolerantes. Recuerden la vida es de ida y vuelta, la vida es dar para recibir, la vida es sembrar para cosechar.
@dflara
