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El capitalismo, en su afán de perdurar, va inventando mecanismos de sobrevivencia con nombres que nos deslumbran: globalización, neoliberalismo, neofascismo, neonazismo, supremacismo blanco, libertarios y un largo etcétera.
El sacerdote jesuita Armando Raffo, caracteriza a estas corrientes políticas como los espejitos de colores: “En el imaginario latinoamericano subsiste hasta nuestros días, la idea, la fábula, de que los españoles se valieron de espejitos de colores para ‘encantar’ a los nativos de estas tierras y, de esa forma, avanzar con más celeridad en la conquista que se habían propuesto. El cuento de los espejitos de colores bien puede ser entendido como una metáfora de un dinamismo social que permea toda la cultura occidental que, en última instancia, acaba llevándonos a la superficialidad. Se impone la imagen y el qué dirán por encima de los valores y las apuestas que van configurando la orientación existencial de las personas.
Aunque todos sabemos que las personas crecemos y vamos fraguando nuestra identidad en la relación con los otros, también es cierto que ese dinamismo, tan profundamente humano, puede ser abortado o saboteado de muy diversas maneras. Los ‘espejitos de colores’ bien pueden representar ese peligro. Las reverberaciones -experiencias agradables, tan excitantes como fugaces- que encantan momentáneamente dejan, a la larga, un vacío existencial que se traduce en diferentes tipos de depresión. Vivir ‘encantados’ por los brillos que propone la cultura dominante, supone deslizarnos hacia un solipsismo peligroso”.
Y, ¿cuáles son los espejitos de colores en el mundo de la política en la actualidad en nuestra Indoamérica? El historiador Juan J. Paz-y-Miño Cepeda, nos presenta algunas pistas: “En la era post pandemia Covid-19, América Latina es tanto una región en disputa e involucrada en el cambio de un mundo unipolar a otro multipolar y multicentral, como la región en la que se constituyen bloques de poder encabezados por élites empresariales, que se han propuesto dominar y evitar que lleguen al gobierno alternativas progresistas.
Los gobiernos empresariales han retomado las consignas neoliberales de las décadas finales del siglo XX, están claros en atacar las herencias del pasado progresista a las que consideran causantes de las dificultades económicas, sociales e institucionales del presente; responden a la conformación de bloques de poder derechistas; y, en el ejercicio del poder, han privilegiado los intereses de su clase, sin importar las nefastas condiciones que el neoliberalismo latinoamericano ha generado en todas partes.
En este marco general, el triunfo presidencial de Javier Milei en Argentina debe despertar la atención de los estudiosos en toda América Latina. Se trata del primer presidente libertario y anarco-capitalista en el mundo, cuya trayectoria profesional y sus ideas durante la campaña electoral, demostraron los propósitos de superar al neoliberalismo tradicional para avanzar a un nuevo nivel: la desaparición del Estado, que comienza con su achicamiento radical; la privatización de todo lo público; la completa liberación de mercados y, ante todo, el externo; el desmontaje del sistema de impuestos; el cuestionamiento a cualquier redistribución de la riqueza, afán de justicia y atención estatal a la población; la sobrevaloración de la empresa privada como única proveedora de bienes y servicios; la flexibilización laboral más profunda para favorecer a los inversionistas; la alineación con el mundo occidental y el americanismo; y la refundación de la democracia de los capitalistas”.
