Efraín Borrero Espinosa.
El veinte y nueve de noviembre de 1950, en la presidencia de Galo Plaza Lasso, se llevó a cabo el primer censo nacional de población en el Ecuador bajo la responsabilidad de la entonces Dirección General de Estadística y Censos, creada en 1938.
Después de varios meses de aplicar las herramientas técnicas que asimilaban la metodología difundida por Naciones Unidas y de elaborar los informen correspondientes, el Ecuador pudo conocer cuántos habitantes éramos, con especificación de provincias, cantones y parroquias.
Los resultados determinaron que el Ecuador tenía tres millones doscientos mil habitantes, en números redondos, y que las provincias más pobladas eran: Guayas, Manabí, Pichincha, Azuay, Chimborazo y Loja que contaba con ocho cantones: Calvas, Celica, Gonzanamá, Loja, Macará, Paltas, Puyango y Saraguro.
El dato curioso es que Manabí tenía seis mil ochocientos habitantes más que Pichincha y que las ciudades más pobladas eran: Guayaquil, Quito, Cuenca, Riobamba, Ambato, Manta y Loja con dieciocho mil habitantes.
El Segundo Censo de Población se llevó a cabo el veinte y cinco de noviembre de 1962, durante la presidencia de Carlos Julio Arosemena Monroy. Recuerdo que siendo estudiante de la Academia Militar “La Dolorosa” participé como encuestador en el sector céntrico de la calle Dieciocho de Noviembre y que fui atendido de manera gentil por el eminente médico Luis Cueva Ontaneda, que tiene un sitial de honor en la historia de la medicina lojana.
Tomando como referencia esas seis provincias, la novedad es que en este segundo censo la provincia de Loja se ubicó en el cuarto puesto con doscientos ochenta y cinco mil habitantes, ligeramente por encima de Chimborazo y Azuay, y que la ciudad de Loja descendió al noveno puesto entre las ciudades del Ecuador, con setenta y nueve mil habitantes.
El Tercer Censo de Población se realizó el ocho de junio de 1974 durante el gobierno de Guillermo Rodríguez Lara, revelando que las provincias más pobladas eran: Guayas, Pichincha, Manabí, Los Ríos, Azuay y Loja que contaba con trescientos cuarenta y dos mil habitantes; pero, sorprendentemente la ciudad de Loja había sufrido un crecimiento a menor ritmo con relación a otras del país, ubicándose en el décimo puesto.
Desde entonces se han sucedido otros censos hasta el último llevado a cabo en el 2022, en el que la provincia de Loja refleja cuatrocientos ochenta y cinco mil habitantes, evidenciando una tasa de crecimiento poblacional muy baja, apenas un 7.8%, que, comparada con la provincia de Orellana, que es la de mayor crecimiento, marca una enorme diferencia.
Ese lento crecimiento es notorio de manera especial en Loja ciudad capital, cuyo número de habitantes no alcanza los doscientos ocho mil, ubicándose por debajo de varias ciudades del Ecuador.
Este es el rostro poblacional de nuestra ciudad y provincia reflejado en cifras oficiales, cuyo tratamiento, debo reconocer sinceramente, es tedioso para quienes no estamos involucrados en ese ámbito que hunde sus raíces en las Ciencias Sociales y la Estadística.
Es necesario hacer hincapié que, por recomendación del Fondo de Población de las Naciones Unidas, el período óptimo entre censo y censo fue establecido en 10 años, período suficiente para analizar los cambios en la población y para manejar el costo que implica el operativo censal.
Desde el análisis empírico considero que los aspectos que han determinado nuestro bajo crecimiento poblacional a lo largo de tiempo, son los siguientes. Prioritariamente se puede destacar el impacto y la secuela producida por el conflicto territorial con el Perú, obligando a que muchas familias asentadas en localidades de la zona fronteriza emigraran a otras regiones del país. En este sentido, el Tratado de Paz suscrito por los presidentes Jamil Mahuad Witt y Alberto Fujimori tiene un valor histórico, ya que desde el veinte y seis de octubre de 1998 hemos podido vivir en paz generando confianza para inversiones y propiciando el desarrollo de nuestros pueblos fronterizos.
Félix Paladines dice acertadamente: “Entre los pueblos de la región sur del Ecuador y norte del Perú existe una hermandad insoslayable que abona edificantemente al fortalecimiento de la integración fronteriza y a la consolidación de la macroregión Norperuana- Surecuatoriana, que nos saca de la situación marginal que desde hace largas décadas hemos ocupado, y nos coloca en el centro de un macroespacio con un potencial económico muy robusto”.
De otra parte, uno de los fenómenos naturales más fuertes y severos que afrontó la provincia de Loja fue la implacable sequía que asoló los campos en la década del 60 e inicios del 70. Muchos campesinos y agricultores junto con sus familias, se lanzaron a la aventura de buscar un mejor futuro en otros lares.
Algunos lojanos pusieron su mirada en Santo Domingo de los Colorados, que así se llamaba en aquel tiempo, cuyas tierras altamente productivas garantizaban la prosperidad de los intrépidos colonizadores.
Fue tal la cantidad de campesinos y agricultores lojanos que llegaron a Santo Domingo que la más grande organización agropecuaria del país, el Consorcio de Cooperativas, Colonias y Comunas Agrícolas de la Región, creada en 1964, tuvo como integrantes, en su mayoría, a inmigrantes que provenían de Loja.
También se asentaron en la Concordia, La Unión y El Carmen, contribuyendo con su esfuerzo al desarrollo de esas localidades. Este proceso migratorio determinó que cerca de ciento ochenta mil personas hayan abandonado la provincia de Loja.
La situación de los pueblos de la provincia era desalentadora. Recordemos lo ocurrido el catorce de abril de 1974 cuando el General Guillermo Rodríguez Lara estuvo en Zapotillo. La multitud lo recibió entonando el Himno Nacional. El mismo Presidente no podía creer el fervor cívico de esos hombres y mujeres porque al tiempo que cantaban derramaban lágrimas de emoción y desesperación.
Terminado el himno alguien pidió un vaso de agua para el Presidente y le informaron que solo había del río. El Presidente de la Junta Parroquial muy apenado le dijo que lamentablemente no tienen las facilidades para atenderlo como se merece. En ese momento el Jefe de Estado solicitó un teléfono, a lo que respondieron que el único que había era el del telegrafista pero que está reparándose; entonces pidió una radio, y la respuesta fue que solo tienen los militares y que el aparato estaba en mantenimiento.
No tenemos nada, gritaban todos. El Presidente reaccionó muy sensiblemente y manifestó que estaba asombrado por la situación precaria que vivía el pueblo zapotillano, y dio varias disposiciones con carácter de urgente en procura de solucionar algunas necesidades básicas.
Marco Flores comenta que la visita del presidente Rodríguez Lara a Zapotillo fue fortuita, pues su propósito era llegar a Celica en donde lo esperaban las autoridades con un gran banquete y programación. Cuando se acercaba el helicóptero la neblina cubrió el pueblo y fue imposible su aterrizaje, obligando su desplazamiento a Zapotillo.
La indiferencia y apatía por parte de los poderes estatales para atender los apremiantes requerimientos provinciales, especialmente en cuanto a vialidad, ha sido otra de las razones para nuestro estancamiento.
Alejandro Carrión Aguirre decía que el Ecuador, Patria llena de olvidos y distancias, “dejó a Loja vivir sola consigo mismo y, al no extenderle su mano grande, le dijo que solamente su esfuerzo debía valerle. El lojano no se desesperó ni se refugió en el lamento estéril. Se hizo una coraza de confianza en sí mismo, y trabajoso, pero firmemente, comenzó a trabajar su propio porvenir”.
Efectivamente, los lojanos hemos labrado ese porvenir con coraje, decisión y dignidad para vencer las adversidades impuestas por el abandono de los poderes estatales que han hecho del centralismo el medio para privilegiar a unos en desmedro de las justas aspiraciones y derechos de otros pueblos.
Finalmente, considero que un aspecto que no puede soslayarse es la falta de fuentes de trabajo ya que la actividad industrial es deficitaria y la agrícola y ganadera simplemente abastece el consumo local, lo que obliga a la gente a emigrar. Loja genera gran cantidad de profesionales de calidad a través de las universidades locales, pero lamentablemente no hay cabida para muchos profesionales que, como alternativa, buscan oportunidades laborales fuera de Loja.
A pesar de los óbices que hemos tenido que enfrentar, la ciudad de Loja muestra su dinámica y pujanza, como también lo hacen algunos cantones de la provincia. Es que el lojano no se amilana ante las adversidades porque es un ser valeroso, esforzado y capaz de generar desarrollo con sus propias fuerzas. Con su trabajo y emprendimiento ha hecho posible que “ya no seamos el último rincón del mundo, y que la nuestra no sólo sea una linda tierra para nacer, sino una hermosa tierra para vivir”.(O)
