Deshumanizar al próximo

Por: Sandra Beatriz Ludeña

En una exposición de arte urbano se invitó a la artista Mariana Abramovic, quién en la exposición de una de sus obras, hizo un laboratorio, para ello, al empezar había colocado en una mesa 72 objetos, algunos para generar placer, otros, para causar destrucción, entre éstos se contaba con: flores, plumas, perfumes, un cuchillo, un arma de fuego cargada, entre otros. Así, comunicó que estaría inmóvil por seis horas, —enfatizando que no se movería sin importar lo que hicieran—, e invitó a los asistentes, con mensajes en cartelones, con grabaciones parlantes, para que hagan uso de los objetos que quieran y de las maneras que quieran.

De esta forma, Abramovic aterrizó su obra, concluyendo luego del experimento: “primero fueron pacíficos y tímidos, pero la situación rápidamente escaló hasta la violencia”. “Lo que aprendí fue que, si dejas la decisión al público, pueden matarte. Me sentí realmente violada, me cortaron la ropa, me clavaron espinas de rosa en el estómago, uno me apuntó el arma a la cabeza, otro la apartó. Crearon una atmósfera de agresividad. Después de seis horas me levanté y empecé a caminar entre el público. La gente se iba, no podían mirarme a la cara. Escapaban a la confrontación”.

Esta obra reveló algo terrible, lo rápido que se opta por lastimar al prójimo bajo circunstancias favorables, sin contar el dolor que se pueda causar. También, lo fácil que es deshumanizar a una persona que no pelea (que no se defiende). La obra de Abramovic evidencia que, si se proporciona el escenario, la mayoría de las personas (normales), no medirán la crueldad perpetrada por otros pocos, que también parecen normales.

Este tipo de arte contemporáneo donde se observa la relación con la audiencia, no se da todos los días, mas, la crueldad cotidianamente se naturaliza, para Abramovic es una conclusión al exponer su arte, colocando las herramientas y con éstas, ella misma expuesta para que sea el público quién plasme en su corporalidad, lo que brote de ellos. Los resultados son alarmantes.

Lo mismo que con Jesús de Nazaret, hace miles de años: se burlaron, humillaron, acorralaron (es decir, lo atacaron psicológicamente), luego, lo sometieron a tremendos sacrificios y los más grandes dolores, crucificándolo y, sobre él echaron toda la miseria humana. Jesús no se defendió, pues al ser entidad espiritual que adoptó figura humana, quiso redimirnos con su sacrificio y, dejó que hagan su voluntad. No lo mataron, porque Dios es indestructible, mas, desde entonces, nos matamos unos a otros.

El experimento de Abramovic nos señala crueles, sin evolución, pues, ni siquiera en espacios destinados al arte, se esgrime un poco de humanidad. Deshumanizar al próximo es vivir la cultura de destrucción, —ojalá podamos reflexionar—.