Leer es tanto un oficio como un arte luminoso

Galo Guerrero Jiménez

Se dice que “leer es tanto un oficio como un arte”; un oficio porque permanentemente debe asumirse esta actividad tal como se lleva acabo un oficio determinado; en el fondo, también se podría decir: leer para vivir; y, es un arte en la medida en que la experiencia lectora le va dando un toque especial de acercamiento al texto para disfrutarlo cognitiva, emotiva y estéticamente; pues, en ese mundo de letras aparece una estética del lenguaje debido a que el escritor lo escribe pensando en el acomodo sintáctico, morfológico, gramatical y psico-socio-cognitivo que van cobrando las palabras, las frases, los párrafos; y, el lector, tal como el escritor lo ha ido labrando pacientemente con todo el cuidado al manejar el lenguaje, así procede también el lector que, ávido, atento y con regocijo quiere adentrarse en ese espacio de lenguaje en el que la atracción, el impacto inicial, la disponibilidad, la voluntad, la libertad para escoger el texto y la atención con la que lee para entender, inferir y, si es posible, asumir una actitud crítica, es decir, con un pensamiento reflexivo y de iluminación que lo  encamina a una alegría de su ser.

Y es que, desde ese deleite especial, muy personal para empoderarse del texto leído, sea cual fuere la temática escogida, el lector lee libremente a su ritmo, discriminando por sí mismo qué es lo que debe leer y qué no debe leer, porque no todo texto gusta a todos los lectores; así mismo, sabrá escoger el espacio y el tiempo para leer independientemente; pues, así, el acto de leer tanto como un oficio y/o como un arte, nos van dando esa experiencia exquisita, novedosa y muy personal, dado que, cada lector degusta un texto a su manera, pensando y recreándose.

De ahí que, es necesario recalcar que “necesitamos leer con frecuencia y regularmente durante la infancia y adolescencia para tener una buena oportunidad de crecer como lectores comprometidos” (Chambers, 2007), puesto que, “leer es transformarse (…), la lectura no tiene nada que ver con adquirir una información, o unos conocimientos (…); aprender a leer es iniciar un viaje en el que la formación pasa por una transformación de sí” (Mèlich, 2020).

En este contexto, el lector que logra leer como si se tratase de un oficio, es el lector que luego sabrá leer como un arte, es decir, estéticamente, dado que ese compromiso simboliza un acto de vida, de euforia, no de tormento ni de obligación, sino desde un pensamiento vivo, elocuente y fortalecido de “pensamientos luminosos; sí, luminosos. Son claros, irradian una luz clara que provoca felicidad” (Han, 2024), dado que, hay una voz interior en el lector que, en efecto, lo ilumina para apropiarse de ese lenguaje que le es acogedor, incluso familiar, no solo porque entiende lo que lee, sino porque aparece un estado de atención y, por ende, de regocijo frente al lenguaje que tiene el texto, como al lenguaje que el lector va experimentando, creando y degustando desde esa voz interior, tan especial, tan propia e iluminadora en cada lector.

Por lo tanto, cuando al lenguaje escrito, el lector lo siente desde esa voz interior que siempre es de regocijo, de iluminación, incluso de preocupación o de rebeldía, es porque quizá, ese lector que ya lee como oficio y como arte, es porque ha llegado a un nivel cognitivo-estético-hermenéutico-lingüístico, en el que se da cuenta que “el lenguaje no es nunca la simple reproducción de los contenidos y relaciones que las sensaciones nos transmiten directamente. Sus ideas no son, en modo alguno (…) simples copias de impresiones. No, el lenguaje es mucho más que eso: es una determinada dirección fundamental de nuestra acción espiritual, una totalidad de actos psíquico-espirituales en los que se nos revela (…) un nuevo aspecto de la realidad, de la ‘actualidad’ de las cosas” (Cassirer, 2021); con lo cual, el lector ha pasado ya a una fase, la más sublime, la más apremiante para analizar ya no solo al texto como mera información, sino a la vida en su totalidad con una visión proyectiva cargada de significados.