Los incendios forestales

Diego Lara León

“Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo», es una frase atribuida al filósofo español George Santayana.

El Ecuador de los años sesenta e inicios de los setenta sufrió una gran sequía, es decir un periodo donde la falta de agua fue muy importante y generó serios problemas a la sociedad.

La provincia de Loja no fue ajena a esta realidad, a partir de 1968 y hasta bien entrada la década de los setenta, se vivió lo que se denominó “la gran sequía”. Este fenómeno natural fue el causante de la enorme migración de lojanos, sobre todo habitantes de los sectores rurales, a lugares con Santo Domingo, Zumba y Lago Agrio hoy llamada Nueva Loja, nuestros paisanos encontraron en esas poblaciones oportunidades para vivir y trabajar.

Este año, y al parecer de forma cíclica, ha sido particularmente un año seco, todos estamos sufriendo los cortes de energía provocados, “entre otras cosas”, por un severo estiaje en el austro y oriente ecuatoriano.

Pero la sequía no es únicamente causante de apagones, también tenemos amenaza de provisión de agua potable, al tener menos caudal de agua en los afluentes que ingresan a las plantas de tratamiento de agua potable en las ciudades; y, lamentablemente otra consecuencia son los incendios forestales, que nos tienen conmovidos y muy preocupados a los habitantes del sur del Ecuador por estos días.

Yo soy un enemigo de la “todología” por eso para entender de mejor manera un incendio forestal, me puse a investigar, en las horas que tengo libre y que los cortes de energía me lo permiten, acerca de los incendios forestales.

En esa búsqueda me encontré con un artículo de la Doctora María de Lourdes Villers Ruíz, del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México.  Ella muy didácticamente explica que: “El fuego tiene un papel relevante en la estructura, funcionamiento y dinámica de los ecosistemas terrestres, pero cuando se propaga sin control en selvas, bosques o vegetación de zonas áridas o semiáridas, contribuye directamente en el incremento de bióxido de carbono en la atmósfera y en la deforestación, con sus consecuencias como la erosión de los suelos o el cambio en la estructura y composición de los bosques. Los incendios forestales son sumamente variables, sin embargo, se han distinguido tres tipos que implican diferentes grados de daño en los ecosistemas: los superficiales, donde el fuego consume los combustibles que se encuentran sobre el suelo como hierbas, leñas, hojarascas, sin quemar todo el cuerpo de los árboles; los subterráneos, cuando el fuego quema el mantillo y raíces bajo la superficie del suelo o la materia orgánica acumulada en las fracturas de grandes afloramientos de roca; y por último, los incendios de copa o corona, poco frecuentes, en los cuales el fuego consume completamente a los árboles y se propaga tanto de copa en copa como superficialmente. Cabe señalar que la presencia de este tipo de incendio, peligroso y difícil de controlar, se incrementa bajo condiciones extremas de sequía”.

 Los incendios forestales pueden ser espontáneos o provocados, los espontáneos son activados por la propia naturaleza para regenerar o limpiar el bosque. Sin embargo, los provocados por el hombre son los más dañinos. En nuestras poblaciones son comunes los incendios que son producto de quemas de chacras antes de la siembra. Cuando esas “quemas controladas” se salen de control se generan los desastres ya conocidos. Pero también están los incendios provocados por perversas intenciones, ya sean económicas, políticas o por distorsiones mentales (piromanía).

Todos debemos ser solidarios ante desastres que afecten a seres humanos y a nuestra naturaleza, sin embargo, con los incendios forestales debemos ser particularmente precavidos. Expertos en control de incendios forestales indican que: “Un incendio forestal es peligroso para la vida humana, la fauna, la flora, el medio ambiente y la propiedad. El humo de los incendios forestales puede dañar los ojos, irritar el aparato respiratorio y agravar enfermedades cardiacas y pulmonares crónicas. También emiten grandes cantidades de contaminantes atmosféricos, como carbono negro, partículas y gases de efecto invernadero. Pueden causar la muerte o daños físicos a las personas que intervienen en la extinción de los incendios y que resultan atrapadas por él. Quienes están más expuestos son los voluntarios empíricos en el tema. 

Expresemos de forma prudente y ordenada nuestra solidaridad. Agradezcamos a quienes están combatiendo el fuego a costa de arriesgar su propia integridad y luego apoyemos todos en la regeneración de la naturaleza severamente afectada y en la economía de tantos paisanos que lo han perdido todo.

Ha llegado la hora de modificar nuestras costumbres, nos enfrentamos a un severo cambio climático. El planeta está cambiando, y si nosotros no modificamos nuestra forma de vida y cuidamos la naturaleza, simplemente, “saldremos del juego”.

@dflara