Santiago Armijos Valdivieso
Los últimos días han sido muy dolorosos para nuestro cantón Loja. Principalmente, a causa de numerosos incendios, llenos de feroces llamas y agresivas fumarolas de humo y ceniza, que con voracidad han devorado todo a su paso.
Esto se torna más grave porque los flagelos han alcanzado el bosque primario del parque Nacional Podocarpus, templo sagrado de la naturaleza en el que converge la vida en todas sus manifestaciones para propiciar el agua, el oxígeno y el equilibrio de la natura y de las especies.
Frente a ello, la unión y la solidaridad se hizo presente en los distintos focos del problema y gracias al trabajo conjunto entre los sectores público, privado y ciudadano, al cual se sumó la ayuda generosa de países como Perú e Italia con el envío de helicópteros cisterna, se logró enfrentar en gran medida la tragedia. Es justo también reconocer el valioso apoyo de bomberos de otras ciudades del país, quienes se sumaron a la hercúlea tarea de apagar la furia del fuego.
Lastimosamente, en medio de la tragedia y de la ayuda solidaria recibida, medios de comunicación han referido que los incendios, en su mayor parte, habrían sido provocados, lo cual, de ser cierto, resultaría perturbador y decepcionante.
Si esto realmente es así, lo menos que podemos exigir es que las autoridades lleven a cabo las investigaciones legales que correspondan y se sancione con el mayor peso de la ley a los responsables (que en realidad no tiene mucho peso porque la mayor pena prevista es de apenas: uno a tres años de prisión) de semejante delito que casi ha paralizado al cantón, al punto de haberse suspendido desfiles y actos por la conmemoración de la Independencia de Loja.
Para empeorarlo todo, los incendios acontecen en momentos en que se cumple la Feria Internacional de Artes Vivas 2024, lo cual ha provocado serios aprietos para el desarrollo de tan importante evento en el que nuestra ciudad apuesta por la reactivación económica y se muestra al país y al mundo como un destino cultural y turístico de quilates.
Pese a tanta adversidad (a la que se suman los apagones eléctricos, los cortes de agua potable y el dilatadísimo cierre del centro de matriculación vehicular) resulta alentador la resiliente y valiente actitud de los lojanos para continuar con la vida y sacar adelante el festival cultural, lo cual, se materializa en la entusiasta y alegre asistencia a las calles, plazas y teatros para ser partícipes de los eventos culturales y artísticos programados.
Esto no solo es reconfortante, sino una cristalina prueba de la valiosa sustancia de la que está revestido el pueblo de Loja, a la hora de sacar adelante un propósito común.
Será eso y otras cualidades como la hospitalidad, la tenacidad y la leal e inquebrantable identificación de los lojanos con el sitio en que nacieron, que hacen de este terruño un rincón especial y siempre dispuesto a seguir hacia delante, a pesar de las difíciles adversidades que constantemente lo han afectado.
