Sonata Claro de Luna

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Posiblemente alguna vez escuchamos la “Sonata Claro de Luna” de Ludwig van Beethoven, se trata de una obra compuesta para piano n°14 en do sostenido, menor.  Casi es una fantasía, escrita por Beethoven en el año 1.801 y publicada en el año 1.802.  La composición guarda armonía entre luz de luna, belleza nocturna y pasos humanos, desarrollando tal profundidad, que quién la escucha palpa tersura en la música, o percibe fragancias exóticas venidas de lejanías, incluso, evoca su espíritu viajero y, tantas más sensaciones que nos inspiran, porque la sensibilidad de su dador está viva en aquella obra, confirmando su clave para crear, donde sentir la música es todo, así nos dice: “Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo”.

He traído esta reflexión como un “Claro de luna” que lo derivo de la sonata de Beethoven, porque en estos tiempos de guerras, de crisis, de intereses controvertidos, el humano debe buscar una manera de escapar al ruido. Elevarnos por un claro, que a la vez que ilumine, nos endulce el oído y nos lleve al ritmo del corazón, ese es el camino, justamente la obra “Sonata Claro de Luna” nos sirve para conectar con el amor por la vida, lo afirmo porque Beethoven al componerla, transformó su sufrimiento en arte musical.

La vida y su misterio, justo cuando Beethoven sentía que todo estaba perdido, justo cuando lo estremecía su momento más triste, ya que iba de pérdida en pérdida: sobrellevaba la muerte de un ser querido, a la vez, experimentaba la merma de la audición, lo que lo perturbaba, pues, cada vez más se le dificultaba la comunicación, él solo podía oír con una especie de trombón en el oído, y aunque llevaba siempre papel y lápiz para comunicarse, no todos tenían paciencia, y así se sentía incomprendido.  Aquellas dificultades lo estaban retrayendo y aislando socialmente.  Mas, una chica ciega que coincidió en la misma pensión en la que él habitaba, le confesó casi gritando: “Yo daría todo por poder ver una noche de luna”, esta confesión lo inspiró a volcar toda su sensibilidad para romper las barreras de lo imposible, y extrapolando significado, hacer que su amiga pueda ver a través de su “Sonata Claro de Luna”, composición que, a la vez, lo revivió.

Una ilusión crece en los límites de otra ilusión, lo digo, pues no siempre las soluciones se ven con los ojos, mas, pueden ser percibidas de otras formas, quizá la ilusión que crece anule la primera, pero juro que no llorarás más por la desdichada, y aunque con telón en los ojos o con piedras en los oídos, recorrerás la noche con pasos suaves, con pasos cautos y podrás sentir ese claro de luna.

A propósito de buscar ese escape al sufrimiento, en días pasados asistí a un Concierto de Apertura del Festival Internacional 2.025 de Sin Fin Armonía, el mismo que se llevó a cabo en el Museo y Centro Cultural de Loja, donde se pudo disfrutar de obras como: “Pequeña Serenata Nocturna – 1er. Movimiento” de Mozart; “El Castillo Ambulante” de Joe Hishaisi; “Syncopathion para Violín y Piano” de Fritz. Kreisler; “Sonata n° 5, 1er Movimiento (primavera)” de L. van Beethoven, (versión viola y piano); “La Alondra, para piano solo”. De M. Glinka; “Rondó a la Turca” de Mozart; “Beethoven virus” de L. van Beethoven.

En aquel concierto, como un claro de luna se presentó Cecilia Vaca Merino, a quién tuve la oportunidad de escuchar en el “Ensamble de cuerdas Sin Fin”, en la ejecución del Violoncello. Su música ahora recorre mis dibujos, se trata de una joven maravillosa que irradia inspiración, su personalidad vibrante, su chispa para encender la ilusión eclipsó mi espíritu taciturno, allí donde su música enciende la luz del paisaje y la vida es amable. Busquemos ese claro de luna que viene con significado, en una amistad, en una palabra, en un gesto solidario, como una flor natural y artísticamente concebida en belleza, de la vida que es.