Luis Pineda
Desde el principio de la humanidad, uno de los sueños de las personas y de los pueblos ha sido el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, tanto las sociedades esclavistas como las sustentadas en los reinos, jamás se plantearon la posibilidad de organizar sociedades basadas en los derechos humanos. Incluso, en los tiempos modernos pese a la Declaración Universal de los Derechos Humanos realizada por las Naciones Unidas en 1948, la doctrina hegemónica liberal de derechos humanos, la más difundida y consolidada, parte de una visión estática y legalista de los derechos.
Las dos últimas leyes enviadas por el presidente Noboa y aprobadas por la Asamblea Nacional: Ley Orgánica de Solidaridad Nacional y Ley Orgánica de Inteligencia. Las dos leyes implican los mayores atentados contra los derechos humanos en todos los ámbitos: políticos, sociales, culturales, religiosos, personales, etc. Es hora de luchar por la derogación de estas leyes.
Para profundizar y motivar la reflexión sobre el tema, les ofrecemos el artículo de María Ninoska García de Morales “La fe silenciosa del papa León XIV en la defensa de los derechos humanos”
“El discurso del papa León XIV, ofrecido el 8 de mayo de 2025, resuena con fuerza en un mundo que enfrenta desafíos profundos en la defensa de los derechos humanos. Esta fe, que se traduce en acciones concretas, es fundamental para la promoción y protección de los derechos humanos, especialmente en un contexto donde la dignidad humana a menudo se ve amenazada.
La fe que el Papa menciona se refleja en la vida de aquellos que, a pesar de las adversidades, luchan por el bienestar de sus comunidades. Esta lucha se manifiesta en la abuela que reza por sus nietos, en el padre que se esfuerza por mantener a su familia unida, y en el joven que busca refugio en la iglesia. Estos actos de fe son ejemplos de cómo la defensa de los derechos humanos puede surgir de la vida cotidiana, donde cada individuo tiene el poder de hacer una diferencia.
Los derechos humanos son universales, inalienables e indivisibles, lo que significa que todos los seres humanos, sin distinción, tienen derecho a disfrutar de ellos. Esta universalidad es un principio fundamental que debe ser defendido y promovido en todas las sociedades.
La educación es un derecho humano fundamental que permite a las personas desarrollar su potencial y participar plenamente en la sociedad. Sin embargo, en muchas partes del mundo, el acceso a una educación de calidad sigue siendo un privilegio de unos pocos. La lucha por la educación es, por tanto, una lucha por los derechos humanos.
El Papa también enfatiza la importancia de ser un puente en lugar de una fortaleza. La Iglesia, al igual que cualquier institución, debe abrir sus puertas y ser un espacio de acogida para todos, especialmente para aquellos que han sido marginados. Este enfoque inclusivo es esencial para garantizar que los derechos humanos sean respetados y promovidos.
En conclusión, el mensaje del papa León XIV nos invita a reflexionar sobre el papel fundamental de la fe silenciosa en la promoción y protección de los derechos humanos. La fe, cuando se traduce en acciones concretas, puede ser un poderoso motor de cambio social. Al fomentar una cultura de respeto, solidaridad y justicia, podemos contribuir a la construcción de un mundo donde la dignidad humana sea valorada y protegida. La misión es clara: vivir nuestra fe a través de acciones que promuevan los derechos humanos y caminar juntos hacia un futuro más justo y equitativo.”
