El tiempo de la Navidad es un tiempo favorable para recuperar los valores. Desde la profesión de fe recuperamos la razón de ser y el sentido de ser un cristiano: sencillo, humilde, alegre; desde la familia y la comunidad los valores universales como la fraternidad, la generosidad, solidaridad y la unidad para encontrar la justicia y la paz desde nuestros pensamientos, acciones y propósitos de vida en el nuevo año.
La Navidad es la expresión viva del nacimiento de Jesús, recreado a través de la historia de la religiosidad y de distintas maneras se ha encarnado en el corazón de los seres humanos: amistad, ilusión, amor, niñez, Dios, Escritura, santidad, pecado y redención, de Cristo, fiesta, felicidad, alegría, cena, soledad. Todo en un instante en que la luz inunda la tierra y nos prepara para despedir un año y recibir otro.
Con la apertura del mes de diciembre, el último mes del año, la faz de la persona cambia como por un arte de magia y el ambiente de la ciudad cambia de repente, los saledizos de los comercios, las vitrinas iluminadas y las luces de temporada llenan los espacios públicos y privados de la urbe. La diversidad de colores alegra la mirada y los corazones inundándonos a todos de esperanza.
También el mes de diciembre y de fin de año visibiliza las desigualdades sociales que persisten y se profundizan y esas miradas tristes, sufridas, de abandono, muchas llenas de angustia y dolor ven en esta fiesta la oportunidad de recibir un halago, un apoyo social, espiritual que al menos, por un momento olvide sus penas y dolores; esas miradas nos sensibilizan, pero el nuevo año debe comprometernos a todos para cambiar y no justificar triste realidad.
La tradicional Novena al Niño Jesús reúne a entidades, amigos y especialmente familias al rededor a esta hermosa tradición oran, cantan, brindan, comparten y se perdonan.
Todo en estas fiestas se llenan de vida, de esperanza, de confianza en días mejores. Así como la actividad comercial y los negocios se reaniman, la vida en las personas recupera ese sentido y valor de vivir, de luchar, de transformarnos en mejores personas, en mejores seres humanos.
Todos estos momentos de reflexión nos lleve a buscar formas nuevas y renovadas de innovar, de trabajar por el bienestar personal, pero sobre todo por el bienestar colectivo, el bien común, el buen vivir y aquello, nace de un profundo deseo de ayudar, servir y compartir con quienes necesitan de una mano amiga, de un empujón solidario o de algo tan simple como un abrazo, una sonrisa y un deseo sincero.
Al celebrar la navidad y al despedir este 2025, el desafío queda planteado: que las miradas de esperanza que hoy nos conmueven no se pierdan en el olvido del mañana. Que el espíritu del Niño Jesús nos inspire a construir para que la justicia social y el bien común dejen de ser un anhelo de temporada para convertirse en nuestra realidad permanente.
¡Bienvenido 2026! No solo sea un cambio en el calendario, sino, sea un año de paz, trabajo y fraternidad. Que sea una oportunidad para que esa luz que encendemos en Navidad permanezca encendida todo el año. Que el compromiso con nuestra tierra de Quilanga y de cada hogar sea convertir la solidaridad de diciembre en el motor cotidiano que nos impulsa a construir el cantón de nuestros sueños.
A todos mi abrazo de feliz Navidad y el año 2026 sea lleno de bendiciones. Agradecido siempre por ser mis buenos lectores de cada semana.
