César Correa
La escalada de la delincuencia que ha alcanzado los niveles más altos de toda la historia nacional, la impunidad total para los culpables de las remesas ecuatorianas de droga descubiertas en Europa, las más burdas violaciones a la Constitución y tratados internacionales por parte del ejecutivo y el legislativo, el secuestro y asesinato de los 4 niños del barrio Las Malvinas y otros crímenes de Estado, la absoluta falta de mantenimiento a las carreteras, la nula inversión estatal en obra pública, los insoportables dramas en las puertas de los hospitales, la clamorosa falta de capacidad técnica y moral de los ministros de estado y de los jueces que tienen a su cargo los procesos más delicados, el alza de los precios de los combustibles, los atentados contra las áreas naturales protegidas, el dócil y vergonzoso sometimiento a los dictados de Trump, la abundancia de mentiras y declaraciones cínicas, generaron un amplio malestar que cambió la imagen del presidente Noboa, que comenzó el año con un respaldo de la mitad de los ciudadanos y ha caído a menos del 30%, lo que se reflejó en la estruendosa derrota en la consulta popular del 16 de noviembre.
El optimismo y aplomo de los influyentes personajes que hacen opinión pública, como Carlos Vera y similares, se ha transformado en pánico y desesperación; del entusiasmo en las alabanzas y defensas al gobierno, han pasado a la mención de errores y debilidades, expresadas con duda, con inseguridad, con pesimismo; muchos periodistas que se han mantenido 8 años firmes en un furioso anticorreísmo, están marcando distancias con el gobierno y otorgando espacios a la oposición en sus medios de comunicación. Los social cristianos se van sumando a los que denuncian los delitos de funcionarios de mayor jerarquía, para quienes piden destitución y cárcel.
En lo económico, las cifras oficiales del Banco Central, del INEC, del Presupuesto General del Estado, los cambios son desalentadores: la más abultada deuda externa que llega a los 90.000 millones de dólares; la pequeña inversión privada; la imperceptible inversión extranjera; la caída del empleo pleno; el más grande déficit que se acerca a los 6.000 millones de dólares; el insignificante incremento del Producto Interno Bruto que recién llega a 131.000 millones de dólares; la pérdida de 1.500 millones de dólares en la explotación petrolera (más de lo que ingresa por el 3% del IVA); el deterioro de los servicios públicos; el asalto a los fondos del BIESS para ponerlos al servicio de la banca privada; la deuda de 24.000 millones de dólares al IESS porque no se le entrega el 40% de las pensiones jubilares; la rebaja cuantiosa de las asignaciones a las universidades…
En fin, en 2025 acabaron de descorreizar al país, tenemos un Estado raquítico, inservible, ineficiente, anárquico, aunque podría ser peor si ganaba el SI en las 4 preguntas de la consulta popular. Estamos pasando por un naufragio que quién sabe qué pase en el 2026, cuando venga el proceso de revocatoria del mandato, el malestar se haya agudizado y el presidente no tenga más opciones que las de liquidar legal o físicamente a los opositores.
