Taty Almeida, bandera y lucha de las madres de la plaza de mayo

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

Dicen que no hay amor más grande que el amor de una madre hacia sus hijos, que sería capaz de cualquier cosa por el bienestar de ellos. Una mujer ama a sus hijos desde el momento que sabe que están creciendo en su interior, su amor empieza a crecer hasta que tiene unos valores incalculables. Este sentimiento incondicional de una madre por sus hijos es indispensable para que la vida siga en nuestro planeta, sin él, no habría nada.

Hablamos con admiración y respeto de la señora Lidia Stella Mercedes Miy Uranga de Almeida, conocida, como Taty Almeida, nació en 1930 y desde el año 1979 se incorporó a las Madres de la Plaza de Mayo para denunciar la desaparición de su hijo Alejandro Almeida, ocurrida en 1975, a manos del grupo paraos creado después del golpe militar que dio paso a la dictadura. Así, Taty Almeida, se constituye en una de las referentes de la bandera y lucha de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina, falleció el domingo 14 del presente mes a los 95 años, dejando un gran legado de lucha por la justicia y la verdad como consecuencia de la detención y desaparición de su hijo, Alejandro poco antes de la última dictadura argentina (1976-1983).

Su madre le consiguió empleo a Alejandro en Télam. Uno de sus cuñados era el interventor de la dictadura de la Revolución Argentina. Alejandro no dudó en organizar protestas contra su propio tío. Con el carnet de periodista, pudo cumplir un sueño: entrar a un recital de Joan Manuel Serrat, acercarse y regalarle una de las pulseritas que fabricaba. En 1974, Alejandro ingresó a trabajar al Instituto Geográfico Militar. Para entonces, estudiaba medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).

Cuando lo desaparecieron, Taty empezó a peregrinar. Fue a golpear las puertas de militares conocidos: Orlando Ramón Agosti, Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy y Ramón Camps, entre otros. El 24 de marzo de 1976, ella tuvo cierta esperanza. Pensó que, con la irrupción de los militares –los conocidos de su familia–, iba a tener alguna respuesta. Nada de eso ocurrió. Tardó en sumarse a las Madres de Plaza de Mayo, temía que la consideraran una espía por su entorno familiar.

Tomó coraje y se acercó a la Casa de las Madres, que estaba en la calle Lavalle. Lo primero que vio fue la pared repleta de los rostros de los desaparecidos. Por primera vez, sintió que la tragedia que estaba viviendo desde junio de 1975 no la afectaba únicamente a ella. La atendió María Adela Gard de Antokoletz, entonces vicepresidenta de la asociación. –¿A vos quién te falta? – le preguntó María Adela. Taty hizo catarsis. Lloró, maldijo y finalmente se enojó con ella misma. No, mi hijita –la reprendió con cariño María Adela–. Cada Madre tiene su momento, y este es el tuyo.

Lo último que le escuchó decir fue “mamá, ya vengo”. Ella miró el reloj y despotricó porque estaba por servir la comida. Alejandro salió. Y ya no regresó. Ese 17 de junio de 1975 empezó una búsqueda desesperada por ese hijo al que le habían arrebatado. Una búsqueda, de casi 51 años, que la llevó a golpear las puertas de los militares más poderosos y a reclamar siempre “justicia legal”, como le gustaba decir. A los 95 años falleció Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y referente indiscutida del movimiento de derechos humanos. Se fue sin cumplir lo que más deseaba –acariciar los huesos de su hijo– pero sin dejar de militar un solo día por la vida. Rendimos nuestra admiración y respeto a la Madres amorosas, tiernas y luchadoras por días mejores para sus hijos. Así sea.