Efraín Borrero Espinosa
Según escritura pública celebrada el día veinte y seis de septiembre de 1961 ante el notario público del cantón Quito, Jorge Washington Lara, los hermanos: Delia María Celi Román y su esposo Gabriel Rodríguez Moscoso; Olga Celi Román y su esposo Rogelio Zevallos Celi; Leoncio Celi Román y su esposa Edyd de la Torre, y Julio Ernesto Celi Román, sacerdote, vendieron a la Caja del Seguro Social el predio denominado “Quinta Leonor”, situado en la parroquia El Sagrario, al norte de nuestra ciudad, con una cabida total de sesenta y cinco mil ochenta metros cuadrados; es decir, seis hectáreas y media, en la cantidad de un millón doscientos treinta y seis mil quinientos noventa y seis sucres. La propiedad fue adquirida por los hermanos Celi Román a través de compra a su padre Alberto Alfredo Celi Celi.
Esa significativa cantidad de terreno se extendía desde el carretero norte, luego denominado avenida Gran Colombia, hasta el río Zamora. Por el costado norte con un callejón que separaba los terrenos de José Miguel Mora Reyes y otros; y, por el costado sur con terreno municipal en donde estaba el camal.
El predio comprendía la zona urbana de la ciudad de acuerdo con la planificación implementada por el alcalde Alfredo Mora Reyes, quien también priorizó el retiro de los puntos de faenamiento insalubres del centro consolidado para proyectarlos hacia la periferia norte, haciendo posible la construcción del camal municipal.
En la mencionada escritura no se expresa la razón por la cual la Caja del Seguro Social adquiría el predio. En aquella época las minutas eran muy escuetas; años más tarde los abogados detallábamos en la cláusula segunda el motivo del requerimiento institucional.
Al poco tiempo el predio fue arrendado para fines agrícolas y para dar cabida a una que otra vaca. En 1971 el Municipio de Loja y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social suscribieron un contrato “para la urbanización de la llamada «Quinta Leonor», comprometiéndose a realizar el movimiento de tierras, canalización, etc.
Vicente García Burneo, incansable en su empeño como Director del Dispensario Médico del Seguro Social, logró que en los terrenos de la Quinta Leonor se construya el Hospital Regional del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, inaugurado con bombos y platillos el dieciocho de noviembre de 1989.
Como jamás se supo el objeto para el cual la Caja del Seguro Social adquirió la Quinta Leonor, a lo largo del tiempo alcaldes y organizaciones sociales y deportivas pusieron su mirada en esos terrenos, y por su cuenta generaron iniciativas para darles utilidad. Algún alcalde anunció la realización de mesas de trabajo con directivos nacionales del Seguro Social para integrar el Hospital Manuel Ygnacio Monteros con el desarrollo urbanístico de la ciudad.
En los varios debates que rodearon a este predio se hablaba de priorizarlo para la construcción de infraestructura de salud, áreas recreativas y un centro oncológico para jubilados. Jalil Borrero Salgado, quien se destacó como Director Provincial del IESS en Loja, me comentó que cuando Fernando Cordero Cueva presidió el directorio del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, manifestó su voluntad de construir en la Quinta Leonor lo que denominó la «Ciudadela de la Salud», que contemplaba espacios para la construcción de un gran centro de Hemodiálisis, un laboratorio de primera que incluía resonancia magnética y un tomógrafo, además de prever la construcción de un edificio funcional para la administración de la Dirección Provincial y para las subdirecciones de pensiones, afiliación y control patronal, salud y del seguro social campesino.
Pero estas intenciones se diluyeron con el tiempo y el propio IESS optó por priorizar el uso social y deportivo del predio mediante la firma de convenios de cooperación con la Federación Deportiva de Loja y la Federación de Ligas Barriales, para la masificación del fútbol y actividades recreativas de afiliados y adultos mayores.
Finalmente, el Seguro Social en Loja ha manejado el uso de estos lotes de forma independiente través de contratos de arrendamiento; por ejemplo, en el 2025, para un centro de juegos mecánicos que provocó la salida del director provincial, y en el presente año, para parqueadero privado generando fuertes reclamos por parte del personal médico del Hospital Manuel Ygnacio Monteros y de los afiliados, como informaron los medios de comunicación.
A esta altura del tiempo vale preguntarse: ¿cuál ha sido el destino de los terrenos no ocupados en la Quinta Leonor por el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, tomando en cuenta que la única edificación ha sido el hospital regional Manuel Ygnacio Monteros, y que la extensión del predio adquirido fue de seis hectáreas y media? ¿Cómo es posible que, en seis décadas y media, poco o nada haya interesado a las instituciones responsables el uso adecuado a esos terrenos?
La Quinta Leonor tiene su historia. Por escritura pública del seis de marzo de 1913 la señorita Mercedes Riofrío Eguiguren vendió a Dorotea Carrión Palacios ese predio que por entonces se llamaba “La Cuadra de los Encuentros”, que había sido producto de una herencia. Dorotea Carrión, mujer altruista y con gran espíritu solidario legó todos sus bienes a la Fundación que luego llevaría su nombre para obras sociales. Luis Felipe Jaramillo, en su calidad de presidente de la Junta Administrativa, vendió “La cuadra de los Encuentros” a Alberto Alfredo Celi Celi, quien la rebautizó como Quinta Leonor para honrar a su esposa. En tiempos de antaño se daban esos gestos románticos.
Eso ocurrió con Sixto Liborio Duran Borrero, de Huila, Colombia, quien adquirió la enorme hacienda “El Rincón” situada en la provincia de Los Ríos y cambió su nombre por el de “La Clementina” en honor a su esposa.
Alberto Alfredo Celi Celi, fue hijo de José Lizardo Antonio Celi Maldonado, nacido en Loja, y de Ricarda Hermelinda Celi Lozano, de Catacocha. Contrajo matrimonio con Leonor Román Crespo de raíces zarumeñas, procreando ocho hijos: Delia María, que fuera Reina de Loja; Olga, Julio Ernesto y Leoncio, citados inicialmente como vendedores; y, Edgar, casado con Dolores Ribadeneira, Franco, casado con Edith Pellegrini, Gonzalo, casado con Consuelo Almeida González, y Marco, casado con Fabiola Palacios.
Entre sus hijos algunos se distinguieron en varios oficios, como Leoncio reconocido medico estudiado en Panamá que ejerció por muchos años la profesión en Quito. Julio Ernesto, distinguido sacerdote diocesano y educador. Como visionario impulsor de la educación en la provincia de Loja fundó importantes instituciones y dejó un profundo legado pastoral antes de su fallecimiento en 1996.
Su labor pastoral y docente marcó honda huella en algunas localidades de la provincia; en Loja, como Prefecto del recordado Colegio La Dolorosa; en Macará, impulsando la creación de la Escuela San Tarsicio, cuya autorización fue aprobada el veinte y tres de febrero de 1961.
En el cantón Espíndola, al que sirvió durante muchos años, lo recuerdan con singular afecto ya que su papel fue clave no solo en el ámbito religioso sino también como líder social y gestor del desarrollo de esa región fronteriza. Su rol en la cantonización de Espíndola fue protagónico ya que actuó como pilar fundamental en el comité pro-cantonización e impulsó las gestiones ante los poderes centrales para elevar a Amaluza y sus parroquias a la categoría de cantón en 1970. Fundó el prestigioso Colegio «Luis Alfonso Crespo Chiriboga».
Su huella en la zona ha sido tan profunda que la Unidad Educativa Fiscomisional de la parroquia Jimbura lleva su nombre: Julio Ernesto Celi Román.
Cangonamá, Chuquiribamba, Gonzanamá, Olmedo y San Pedro de la Bendita también recuerdan su nombre con profundo sentimiento de gratitud por la vehemente dedicación a velar por sus más altos intereses.
Por su parte, Gonzalo Celi Román aportó significativamente al progreso lojano tras retornar de su paso por la Presidencia de la República – en el gobierno de Camilo Ponce Enríquez – y de una estancia de casi una década en Argentina. A su regreso impulsó el comercio de la urbe con un almacén de electrodomésticos y materiales de construcción. Su vocación de servicio lo llevó a presidir el Club Rotario siendo su prioridad edificar la sede institucional y fundar el Banco de Lentes, una emblemática labor social. Finalmente, su visión vanguardista quedó plasmada al frente del Diario El Mundo y en la planificación de la Urbanización Celi Román, una obra que abrió un nuevo y vital eje de crecimiento urbano.
Su hijo, Gonzalo Xavier Celi Almeida, me comentó que ostenta actualmente el rango de Arzobispo de la Iglesia Católica Ortodoxa presente en Ecuador y es responsable de la misma desde México hasta Argentina. Varias veces ha visitado Loja, su tierra natal, y anhela desarrollar proyectos de beneficio comunitario.
Alberto Alfredo Celi Celi fue un próspero comerciante y persona apreciada e influyente. En la planta baja de su casa situada en la esquina de las calles Bolívar y Azuay, donde por mucho tiempo funcionó la Empresa Eléctrica Zamora, tenía un gran establecimiento comercial. Fue amigo de José María Velasco Ibarra quien le aceptó visitar Loja en circunstancias que se desempeñaba como diputado por Pichincha y posteriormente Presidente del Congreso Nacional en 1932.
