César Correa

En el Dispensario Médico del barrio Las Limas hacen cola los pacientes de la parroquia 27 de Abril afectados con enfermedades gastrointestinales y hasta con cáncer de estómago a consecuencia de la pésima calidad del agua que han venido consumiendo por muchos años, que consumieron hasta hace 20 días, porque estalló la manguera de la conducción en el sitio Castillo Alto y no hay ninguna institución con la capacidad para hacer la reparación.
El sistema de agua que «sirve» a La Naranja, cabecera parroquial, está a cargo de la Junta de Agua Potable, que tiene 500 usuarios, que desde hace medio año están aportando 3 dólares mensuales para el mantenimiento, lo que quiere decir USD 1.500,00 al mes, 18.000,00 al año, cantidades completamente insuficientes para darle al sistema el debido mantenimiento. Como tampoco alcanzan para contratar los estudios para un nuevo y moderno sistema de agua potable.
La solución es la de entregarle al Municipio de Espíndola el servicio de agua potable de la parroquia, pero gran número de moradores de la parroquia se opone a ese traspaso porque aducen que les pondrían medidores en las casas y la tasa se elevaría al doble o al triple, según lo que cada uno ocupe. Ahora que se han quedado sin el líquido tienen que comprar agua embotellada, que les sale más cara, y ayudarse parcialmente con la colaboración de los tanqueros del Municipio y del ejército.
El supuesto ahorro conseguido con conservar el sistema ya instalado es un remedio peor que la enfermedad porque tienen que gastar centenares de dólares en curarse de las enfermedades derivadas de tomar agua contaminada, y hasta llegan a pagar con su vida por dicho ahorro.
El Consejo Provincial no entra a realizar la reparación que se necesita porque no es su competencia y no puede invertir en agua potable. El Municipio tiene la competencia, pero el sistema no está a su cargo. La Junta Parroquial del Agua Potable lo tiene que hacer, pero no le alcanzan los pocos dólares que tiene en caja. Un callejón sin salida.
¿Qué va a realizar el Municipio? Es un misterio. Es posible que haya contratado la realización de los estudios para el nuevo sistema de agua potable, pero ni la vicealcaldesa, que es habitante de La Naranja, lo sabe. En consecuencia, se ignora cuánto costaría la construcción del nuevo sistema, para poder gestionar su financiamiento, que por su magnitud (la captación está a 18 kilómetros de distancia) debe pasar del millón de dólares.
Los habitantes de la parroquia definitivamente tienen que comprender que es imposible gozar permanentemente de un buen servicio, que realmente preserve la salud de los consumidores, si no aceptan que el Municipio se haga cargo de construir un nuevo sistema.
Como estamos próximos a elegir nuevos personeros municipales, el pueblo debe exigirles a los candidatos a ocupar la Alcaldía una declaración juramentada de que contratarán los estudios y la construcción del sistema de agua potable para toda la parroquia.

