UN CORAZÓN QUE ESCUCHA

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

Este domingo la Iglesia nos invita a celebrar la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida exhorta a todos los cristianos que el amor de Dios, eterno y profundo, debe valorar la fragilidad de quienes han transitado por los caminos de la vida y han derrochado experiencia y sabiduría. La gratitud de las generaciones actuales, fortalece la riqueza de los años y el sacrificio entregado a los demás. Para ello, nos propone alimentar esta fiesta con el Pan de la Palabra a la luz de Is. 49, 15 que dice: “¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pero, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.

La celebración de la fiesta de la vida junto al mensaje de Sagrada Escritura eleva nuestro deseo de alabar y bendecir a Dios por el don de la sabiduría. En la lectura del primer libro de los Reyes encontramos a un hombre, grande e inolvidable en la historia de la humanidad, llamado Salomón, hijo de David, Rey de Israel. Dios, en medio de un sueño, le revela un proyecto. Le propone: “Pide lo que quieras que te dé”. Las iniciativas divinas con frecuencia son una espada de doble filo. Conllevan: discernimiento, humildad y responsabilidad para desarrollarlas con eficacia. Nos trasladamos al momento de la visita del Arcángel San Gabriel que definió la vocación y misión de la Santísima Virgen María. Ella respondió con las palabras que nacieron en su corazón, lleno de fe para escuchar y asumir el plan de salvación que venía de Dios: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

San Lucas sintetizó el sublime fervor, celestial e íntimo de María: “Guardaba todas estas cosas en su corazón”. Salomón respondió: “Te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?”. Quien asume la tarea de gobernar debe pensar, con honesta actitud, que tiene que amar y servir hasta las últimas consecuencias, durante el tiempo que permanezca en su gestión. El discernimiento constituye la herramienta para buscar el bien común, en medio de las tempestades que enfrente en su travesía entre las fuertes olas del mar. San Pablo, en la carta a los Romanos manifiesta que “todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por Él, según su designio salvador”.

En la pedagogía de Jesús, desde la perspectiva de San Mateo, prevalece la presencia de un torrente de sabiduría. En las parábolas, del tesoro escondido y de la perla de un gran valor, Jesús quiere que la persona viva la felicidad a plenitud, y promueva el bien más alto. El servicio tiene su sustento en el desprendimiento. Debe “vender lo que tiene”, para obtener una ganancia mayor. En la parábola de la red que los pescadores lanzan al mar y recogen toda clase peces, los trabajadores escogen los pescados. Nosotros tenemos todos los dones a nuestro alcance para crecer.