El patriotismo en “El pequeño vigía lombardo” de Amicis

Luis Antonio Quizhpe

La astucia, junto con la audacia, el esfuerzo, el heroísmo, la valentía y la paz son valores militares fundamentales, concebidos como principios éticos y morales que guían la conducta de todo militar, miembro de un ejército, porque ellos representan la base del honor, la disciplina y el compromiso con la Patria, de suerte que este grupo humano debe ser el espejo en el que se mira la niñez, la juventud y toda la sociedad.

Este valor dimensionaremos en el capítulo El pequeño vigía lombardo, de la novela “Corazón” del escritor italiano Edmundo de Amicis, contextualizado históricamente en el año 1859, cuando se produjo la guerra por el rescate de Lombardía, pocos días después de la batalla de Solferino y San Martino, ganadas por los franceses y los italianos contra Austria. Si bien el tiempo de la historia se remonta a siglos, pero nos interesa destacar el valor de la valentía, la audacia, el heroísmo del niño lombardo.

El cuento narra que una sección de caballería comandada por un oficial y un sargento, de Saluzo iba rumbo al encuentro de tropas enemigas. Llegaron a una casita rústica, solitaria donde flameaba la bandera tricolor y estaba rodeada de fresnos donde un muchacho de doce años, hacía de una rama un bastón. Apenas divisó la caballería el chico tiró el bastón y se quitó la gorra. Era un hermoso niño de ojos grandes y azules, cabellos rubios y largos; estaba en mangas de camisa y enseñaba el pecho desnudo. “¿Qué haces aquí?, ¿Por qué no has huido con tu familia?”-dijo el oficial. “Yo no tengo familia, Me he quedado aquí para ver la guerra”-respondió”.

El oficial viéndole diestro y decidido le pidió que subiera al fresno más alto para que divisara a las tropas enemigas, a lo que el chico escaló en minutos a la cima del árbol como un gato, dejando en el suelo la gorra y sus zapatos. Desde la altura le informó al oficial que a media legua se acercan dos hombres a caballo, en tanto había sido visto y recibió un disparo en el pecho, cayendo a tierra de espaldas, quedando tendido con los brazos abiertos, boca arriba, con un arroyo de sangre en el pecho. El oficial se agachó y le separó la camisa; porque la bala le había entrado en el pulmón izquierdo.

Toda la tropa, conforme iban pasando, cortaban flores y las arrojaban sobre el muerto. En pocos momentos, el muchacho se vio cubierto de flores, y todos los soldados le dirigían sus saludos al pasar: ¡Bravo, pequeño lombardo! ¡Adiós, niño! ¡Adiós, rubio! ¡Viva! ¡Bendito seas! ¡Adiós! Un oficial le puso su cruz roja, otro lo besó en la frente, y las flores continuaban lloviendo sobre sus desnudos pies, sobre el pecho ensangrentado, sobre la rubia cabeza. Y él parecía dormido en la hierba, envuelto en la bandera, con el rostro pálido y casi sonriendo, como si oyese aquellos saludos y estuviese contento de haber dado la vida por su patria.

El cuento de Edmundo de Amicis es un sensible alegato a los corazones de los italianos para despertar el sentimiento patriótico y, es oportuno en lo educativo para despertar el sentimiento patrio con el ejemplo del niño lombardo de doce años que dio su vida por su país.