Panamá y su crecimiento incontenible

Santiago Armijos Valdivieso

A los veinte años regresé a la hermosa ciudad de Panamá y, como imaginé, su crecimiento había sido exponencial en todos los órdenes.

Para empezar, su Aeropuerto Internacional de Tocumén se ha engrandecido con dos inmensas terminales en las que se suceden 68 puertas de embarque que conectan con 91 destinos internacionales de Norteamérica, Suramérica, Centroamérica, el Caribe y Europa. Gracias a ello y a su privilegiada ubicación geográfica, con acierto se ha bautizado a esta inmensa terminal aérea como el Hub de las Américas.

En lo que se refiere a la seguridad ciudadana, Panamá es considerado uno de los países más seguros de Latinoamérica y del mundo, lo cual ha fomentado el turismo y, por supuesto, la inversión privada que brota en cada rincón del país.

Los visitantes llegan de todos los rincones del planeta, pero especialmente de México, Colombia y Ecuador. Al menos eso fue lo que percibí en los cálidos días de agosto de 2026.

Por otro lado, visitar el Casco Viejo de la ciudad de Panamá resulta una delicia, por sus aires bohemios, alegres, históricos y con sabor a mar. Fue fundado el 26 de junio de 1673, tras la destrucción de la Panamá Vieja original a manos del pirata Henry Morgan en 1671. Este hermoso sitio fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1997, junto con las ruinas de Panamá Viejo. Su perímetro actual comprende 44 hectáreas y 940 edificios, construidos principalmente entre 1850 y 1930. Durante las últimas dos décadas ha tenido una profunda transformación: almacenes de ropa, restaurantes de todo tipo de cocina imaginable, hoteles boutique y galerías de arte se han instalado en preciosos edificios restaurados, convirtiéndolo en uno de los barrios más dinámicos y también más caros de la capital.

Como corresponde a un barrio céntrico y añejo, el Casco Antiguo panameño cuenta con seis plazas principales: la de la Independencia o Plaza Catedral, la de Francia, la Bolívar (Simón Bolívar), la Herrera, la Santa Ana y la Plazoleta del V Centenario. Todas muy limpias, ordenadas y visitadas por niños y adultos, propios y extraños, tanto de día como en la tarde y noche. Entre las principales edificaciones públicas de obligatoria visita están: la Catedral Basílica Santa María la Antigua, sede de la Arquidiócesis de Panamá; el Palacio de las Garzas, sede de la Presidencia de la República; el Teatro Nacional; la Iglesia de San José, conocida por su Altar de Oro; el Palacio Municipal, y el Museo del Canal Interoceánico. Según cifras aproximadas, el número de visitantes al Casco Viejo alcanzó los 2,8 millones entre 2020 y 2025, con un incremento del 43 % respecto a años anteriores. El Casco Antiguo es considerado uno de los sitios más visitados de Panamá, solo después del famoso Canal que une los océanos Pacífico y Atlántico.

Precisamente, dicho canal tuvo hace unos años una ampliación fenomenal que fue titular en los rotativos más importantes del mundo. Este proyecto, conocido como el «tercer juego de esclusas», fue aprobado mediante referéndum nacional en octubre de 2006, durante el gobierno del presidente Martín Torrijos, e impulsado técnicamente por la Autoridad del Canal de Panamá. Las obras comenzaron en 2007 y estuvieron a cargo de un consorcio internacional integrado por empresas españolas, italianas y panameñas, entre otras. Tras varios retrasos, la historia de esta expansión comenzó formalmente el 26 de junio de 2016, con el tránsito inaugural del buque portacontenedores Cosco Shipping Panama por las esclusas de Agua Clara y Cocolí, en el Atlántico y el Pacífico, respectivamente. La ampliación representó el mayor proyecto de infraestructura desde la apertura original del Canal en 1914, al permitir el paso de buques de mayor calado y capacidad que los anteriores.

Como resultado, el crecimiento operativo del Canal ha sido sostenido. El año 2025 cerró con cifras récord: 489,2 millones de toneladas y 13 404 tránsitos, con crecimientos del 15,6 % y el 19,3 % respecto al periodo anterior. Hacia mayo de 2026, las esclusas ampliadas superaban ya los 31 000 tránsitos acumulados desde su apertura. Diez años después, y con estas cifras, la ampliación del Canal se confirma como una inversión estratégica que transformó a esta vía interoceánica en un eje logístico global de mayor capacidad y rentabilidad.

¿Pero cómo ha logrado este pequeño país —de 75 517 kilómetros cuadrados y 4,6 millones de habitantes, que alcanzó su independencia de Colombia apenas el 3 de noviembre de 1903— convertirse en uno de los más prósperos, seguros y modernos de toda Latinoamérica?

Esto se debe a varios factores combinados. Uno de ellos es el Canal Interoceánico, que convierte a Panamá en una plataforma logística global. Otro se relaciona con políticas amigables y estimulantes para el comercio, el turismo y la construcción, al punto de que más del 80 % del crecimiento de 2025 provino de la inversión privada, reflejo de la confianza empresarial. Como dato revelador, cabe precisar que entre enero y mayo de 2026 los contratos laborales aumentaron un 19,1 %, fortaleciendo también el consumo interno. A ello se suman proyectos como Panamá Pacífico y la concesión de los puertos de Balboa y Cristóbal, que atraen inversión extranjera directa. La dolarización, la estabilidad macroeconómica, la baja inflación y un sistema financiero sólido completan un entorno propicio para el desarrollo.

En cuanto a la seguridad, Panamá se distingue en la región centroamericana por índices de criminalidad comparativamente bajos, favorecidos por su reducida población frente al tamaño de su economía, una fuerte presencia policial en zonas urbanas y turísticas, la ausencia de ejército y una economía dolarizada y de servicios que genera empleo formal. La combinación de estabilidad institucional, inversión sostenida en infraestructura y un sector turístico en expansión contribuye también a una percepción de seguridad más favorable que la de otros países vecinos.

Está claro que, para llegar a lo que hoy es, Panamá ha atravesado momentos traumáticos y dolorosos en su historia —dictaduras, intervencionismo extranjero, actos de corrupción, violencia e inestabilidad—, pero, pese a todo, ha sabido salir adelante con empeño, valentía y las buenas decisiones democráticas de su pueblo. Su historia, sus decepciones políticas, sus logros, sus anhelos, sus temores, sus reinvenciones y sus sueños deberían ser tomados muy en cuenta por Ecuador y toda Latinoamérica al momento de trazar el mapa para salir adelante.