POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAÑO
Cuando el país enfrenta una profunda crisis social, política y sobre todo moral, desesperados buscamos motivos que nos acerquen a la esperanza, y es ahí cuando asoma con toda su luminosidad la juventud y la niñez. Esa niñez y juventud que esta semana regresan a clases en la región sierra de nuestro amado Ecuador. No es por romantizar el asunto, pero en la nueva generación se cifra toda nuestra confianza de un país y un mundo mejor, estamos plenamente conscientes de que los retos y desafíos de hace treinta o cuarenta años, no son los mismos de la actualidad, pero ciertamente hay cosas que nunca varían, y son las relacionadas al humanismo, que esperamos se mantengan hasta el fin de los tiempos
Por eso nos ilusiona y nos anima tanto este retorno a las aulas de los respectivos planteles estudiantiles. Nos ilusiona porque de estos niños y jóvenes dependerá lo que pase en unos pocos años en todos los ámbitos, pues ellos serán los que tomen las riendas y la herencia que les estamos dejando es muy complicada. Mucho se habla de la pasividad de los jóvenes ante los sucesos de su entorno, se dice que no reaccionan como en tiempos pasados, creo que nos equivocamos al juzgarlos con dureza, como decía antes, vivimos tiempos distintos nosotros tuvimos una realidad diferente. Yo recuerdo cuando mi padre compró el primer televisor de mi familia, cambió mucho la dinámica familiar, pues de pronto ese aparatito captó la atención de los miembros del hogar. Entonces es entendible que la irrupción brusca de tanta tecnología incorporada a la cotidianidad actual, produzca un impacto tan notable en los habitantes del mundo de hoy. Los padres de familia y docentes, deberían aunar esfuerzos para dosificar el uso de dispositivos en las casas, como en las escuelas y colegios, también ejercer control de los contenidos a los que acceden los niños y adolescentes especialmente, porque son un grupo etario muy vulnerable a la manipulación de personas mal intencionadas que pueden llevarlos por caminos peligrosos.
Los padres y docentes han jugado y juegan, un papel fundamental en la búsqueda permanente de una mejor sociedad, desarrollando una mentalidad crítica y analítica frente a los diversos sucesos de su vida, pero sin descuidar su sentido humano, inculcando valores como la honestidad, solidaridad, generosidad, que sin duda harán de este mundo un mejor sitio para vivir. Las calles se vuelven a llenar de bullicio juvenil lo que anuncia el retorno a clases que deseamos sea fructífero.
