
Decenas de peregrinos azuayos desafían largas jornadas a pie, lluvia, viento y cansancio para cumplir una promesa de fe ante la Virgen del Cisne. Algunos llevan años repitiendo la travesía en agradecimiento por favores recibidos.
Devoción
Desde el 01 de septiembre de 2026, decenas de romeriantes provenientes de distintos sectores de la provincia del Azuay comenzaron a arribar a Loja para cumplir una tradición marcada por la fe y el agradecimiento a la Virgen del Cisne. La mayoría emprendió el recorrido a pie, mientras otros optaron por la bicicleta, todos impulsados por una misma finalidad: llegar hasta la Sagrada Imagen.
La travesía supera los 200 kilómetros y, dependiendo del punto de partida, puede extenderse entre dos y cinco días. En el trayecto realizan pausas para recuperar fuerzas, principalmente en el cantón Saraguro y la parroquia San Lucas, antes de continuar por la antigua vía a Cuenca y posteriormente ingresar por Solamar, Masaca, Sevilla de Oro, San Francisco y Sauces Norte, hasta llegar al templo donde se encuentra la venerada imagen.
El recorrido no está exento de dificultades. En años anteriores, los peregrinos han soportado intensas jornadas de calor; en esta ocasión, la lluvia persistente y el viento también acompañaron su camino. Sin embargo, las condiciones adversas no fueron suficientes para detenerlos. La promesa asumida y la confianza depositada en la Virgen se convirtieron en el principal impulso para continuar.
Para muchos romeriantes, el sacrificio tiene un significado especial: agradecer por favores recibidos, principalmente relacionados con la salud propia o de familiares.
Sebastián Roque Huaca, oriundo del cantón El Pan, lleva aproximadamente cinco años realizando esta peregrinación. Cada septiembre, junto con su hermano y su cuñado durante la madrugada emprende la extensa caminata hacia Loja. “Hacemos esta caminata en agradecimiento a la Virgen del Cisne, ya que ella le dio una nueva oportunidad de vida a un familiar y lo curó de una grave enfermedad, así como también a mi persona, que me da salud, trabajo y mantiene sana a mi familia”, relató a Diario Crónica.
Para Andrés Huaca Caicedo, esta es la segunda ocasión en que participa en la romería. Durante el trayecto ha debido enfrentar sol, precipitaciones y bajas temperaturas, circunstancias que ponen a prueba la fe. “Desde que salimos de casa hemos soportado el intenso sol, lluvia y el fuerte frío, pero la Virgen nos da fuerzas para seguir adelante”, relató.
El cansancio físico también forma parte de la experiencia. El dolor en los pies y el deseo de detenerse aparecen durante las extensas jornadas; pero, la devoción y el compromiso logrado con la Sagrada Imagen terminan imponiéndose. “La familia constituye otra de las motivaciones para completar el recorrido y honrar la promesa realizada”, afirmó.
Por su parte, Ángel Arias, también completó cuatro días de caminata. Su vínculo con esta peregrinación comenzó cuando tenía 17 años y, ahora con 26, continúa recorriendo la misma ruta como muestra de gratitud.
Reconoció que se trata de un trayecto exigente y que la presencia constante de vehículos representa un riesgo para quienes avanzan por la carretera. A ello se suma la distancia, que por momentos parece interminable. No obstante, al llegar a San Lucas percibe un cambio en el recorrido. “El camino hacia Loja se vuelve más liviano y el viento más bien nos empuja a seguir adelante”, expresó.
La llegada de los romeriantes continuará hasta el martes 08 de septiembre, jornada en la que se desarrollará la fiesta grande en honor a la Virgen del Cisne, con motivo de la celebración de su Natividad.(I).
Otros devotos que también emprendieron el viaje se fueron a la parroquia El Cisne.
