Una vida testimonial, una esperanza en tiempos de crisis

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El 25 de agosto de 2026, fue la Pascua de Javier Giraldo Moreno S. J., cuya vida fue un ejemplo de compromiso pastoral con el pueblo colombiano. Para mayor información les presentamos unos fragmentos escritos por Carlos Medina Gallego:

“El padre Javier Giraldo no fue solamente un sacerdote que predicó el Evangelio: procuró vivirlo hasta sus últimas consecuencias. Hizo de su existencia un testimonio de coherencia entre la palabra y la acción, entre la fe y la justicia, entre el cristianismo profesado y el compromiso cotidiano con quienes padecen las injusticias del mundo.

Fue un cristiano de pies descalzos porque escogió caminar junto a los pobres, los humildes, los perseguidos y los desamparados. Su templo estuvo también en los caminos rurales, en las comunidades amenazadas, en las casas campesinas, en los territorios golpeados por la violencia y allí donde una víctima necesitaba que alguien escuchara su verdad.

Javier perteneció a esa tradición cristiana que encontró en Camilo Torres Restrepo una pregunta radical: ¿de qué sirve proclamar el amor si ese amor no transforma las condiciones que producen hambre, exclusión, violencia y humillación?

Javier fue también un maestro. Enseñó a leer críticamente la realidad, a preguntar por las causas profundas de la violencia y a comprender que los derechos humanos no son una concesión de los poderosos, sino conquistas históricas de los pueblos. Su pedagogía nacía de la escucha, de la memoria y del compromiso con la verdad.

Su compromiso camilista tuvo una dimensión profundamente humana en la búsqueda de los restos de Camilo Torres Restrepo. Durante años insistió en que Colombia tenía una deuda con aquella historia y con aquel cuerpo desaparecido. Su participación en ese largo empeño por encontrarlo representó algo más que la búsqueda de unos restos: fue la lucha por devolverle a una memoria perseguida un lugar digno en la historia nacional.

La recuperación de los restos de Camilo y su llegada a la capilla de la Universidad Nacional, con la intervención de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, adquirieron una enorme fuerza simbólica. El sacerdote, profesor y revolucionario regresaba al lugar donde había enseñado y desde donde había convocado a una generación a pensar el compromiso con los pobres. En ese regreso está también la perseverancia de Javier Giraldo.

Javier Giraldo permanecerá en las comunidades que acompañó, en los archivos que ayudó a preservar, en las víctimas cuya palabra defendió, en los jóvenes que aprendieron de su ejemplo y en todos aquellos que comprendieron, gracias a él, que los derechos humanos son ante todo una práctica cotidiana de solidaridad.

Javier Giraldo se va, pero queda su huella. Queda en cada comunidad que aprendió a resistir sin renunciar a su dignidad. Y queda, sobre todo, una enseñanza sencilla y enorme: la fe sin compromiso puede convertirse en palabra vacía; el amor sin justicia puede reducirse a consuelo; pero cuando el amor se hace eficaz, se vuelve solidaridad, memoria, resistencia y esperanza.

Padre Javier Giraldo: cristiano de pies descalzos, camilista de la esperanza, guardián de la memoria, militante de la vida. Su cuerpo descansa; su testimonio seguirá caminando con los pueblos de Colombia.”