Félix Delfín Rojas Abad: pionero, luchador y forjador de Fundochamba

Juan Luna

Quilanga, 15 de septiembre 2026                    

La historia esculpe los nombres de sus preclaros hijos en la tierra misma de sus pueblos, en los caminos recorridos, en las aulas de sus escuelas, en las fincas trabajadas y en la memoria viva de su gente. Don Félix Delfín Rojas Abad es un hombre cuya vida encarna el coraje, el trabajo incansable y la dignidad del pueblo fundochambense que se negó a ser pisoteado.

Nacido el 19 de mayo de 1912 en la provincia de Loja, fue hijo de don Víctor Rojas y doña Rosa Abad, pioneros que figuraron entre los primeros habitantes de lo que entonces era la hacienda La Elvira y que hoy conocemos como la próspera parroquia de Fundochamba. Aunque su educación formal inicial fue elemental, la carencia de aulas nunca fue un freno para su espíritu ávido de saber: la lectura fue su pasión y su mejor escuela la audoeducación.

En la madurez de su juventud, contrajo matrimonio en 1945 con doña Marina Cueva Rojas, oriunda de Quilanga. Como jefe de familia, dedicó sus días al laboreo de la tierra en la siembra del café, la ganadería y el comercio. Con valentía y visión, impulsó el comercio hacia Cariamanga, Loja, e incluso cruzó fronteras hacia el vecino país del Perú.

En 1957, encabezó las gestiones para fundar la primera escuela primaria municipal del barrio Fundochamba, logrando arrancar la labor educativa junto a la maestra Luz Carrión. Con esa misma mística y de la mano de la profesora Carrión, organizó a los moradores en arduas jornadas de minga para levantar el templo de la fe y cohesión social, hoy la actual iglesia parroquial, cuya patrona es Santa Marianita de Jesús

 “Entre los años 1958 y 1962 junto a baluartes como Miguel Cueva y Agustín Hidalgo libraron la resistencia contra el poder de los terratenientes lojanos de la familia Álvarez-Burneo, dueños de la hacienda La Elvira”, cuenta su hijo.

Los costos de la lucha por la tierra y la libertad de los pobladores, injustamente catalogados como «arrimados» o «colonos»— tuvo costos muy altos. Enfrentamientos con la fuerza pública, heridos varios moradores, entre ellos el propio Delfín Rojas y Alfonso Rojas. Sin embargo, la templanza de los comuneros triunfó: el Estado, a través del IERAC, adjudicó legalmente las tierras a sus legítimos dueños.

En1975 tomó la valiente decisión de emigrar a la ciudad de Loja. Allí edificó su propio hogar, un espacio que no solo cobijó a su familia, sino que se convirtió en un cálido refugio y casa abierta para muchos jóvenes estudiantes provenientes de las provincias de Loja y Zamora Chinchipe que buscaban un porvenir académico.

Don Delfín falleció el 12 de julio de 1994, a la edad de 82 años. Fundochamba le debe gran parte de su libertad, de su educación y de su identidad a distinguido hijo que supo labrar el futuro con las manos y con el corazón.