Santiago Armijos Valdivieso
Hace poco tuve la oportunidad de visitar las acogedoras y bien ordenadas instalaciones de la empresa de servicios tecnológicos Clipp, ubicadas en las calles México y Curazao, sector La Tebaida Alta, al suroccidente de la ciudad de Loja.
Esta entidad de vanguardia tiene a su cargo la innovadora aplicación Clipp, cuyo propósito es facilitar la vida de las personas mediante una plataforma multiservicios, bien concebida, a la que se accede con facilidad desde un teléfono celular o una computadora. A través de ella se resuelven necesidades diarias como pedir un taxi, encontrar estacionamiento, solicitar comida a domicilio, comprar entradas a espectáculos, pagar el pasaje del bus y cancelar los servicios de agua potable y electricidad, además de funcionar como billetera digital.
La aplicación tiene trece años de servicio, y su calidad le ha permitido expandirse a otras ciudades del Ecuador y a países como México, Chile, Colombia, Perú y Bolivia. Según su página web, Clipp cuenta a la fecha con más de dos millones de usuarios registrados en 23 ciudades de Latinoamérica.
¿Cómo se logró este enorme y motivador éxito lojano que nos llena de orgullo? Gracias a la inteligencia, la visión y la decisión inclaudicable de Bruno Valarezo Correa, quien, junto a sus también talentosos coterráneos Vicente Quezada, Andrea Solano, Hugo Ramírez y Jefferson Camacho, decidió esculpir, fundar y hacer brillar una aplicación estrella para mostrar al mundo que Loja, además de brindar servicios tradicionales —gastronómicos, turísticos o culturales—, también puede ofrecer soluciones digitales eficaces, a la altura de las ciudades inteligentes de un mundo cada vez más globalizado y tecnológico.
En ese camino, Bruno Valarezo y su equipo supieron superar, sin desmayo, los obstáculos que siempre asoman ante los grandes retos. Solo eso ya es un ejemplo de vida y una fuente de inspiración, y la prueba de que todo es posible para los muchos emprendedores lojanos que en este mismo momento bregan por sus empeños y libran duras batallas contra las adversidades, el centralismo y los asfixiantes pozos de la burocracia.
Cuando visité la casa de Clipp, tuve la grata experiencia de contemplar el trabajo multidisciplinario y sincrónico de más de 50 profesionales lojanos, quienes, como incansables abejas en un colorido panal, sabían perfectamente qué parte de su talento debían aportar para que la miel siguiera produciéndose y endulzando esa aplicación estrella bautizada como Clipp.
Al ver esto y llenar mis pulmones de sano orgullo y esperanza, sentí el alivio de saber que, pese a todo, los hijos de Loja siguen sacando adelante a su ciudad y forjando así los nuevos eslabones de esa larga y luminosa historia de esfuerzo y cariño al terruño que empezaron a construir los primeros lojanos.
Desde este espacio de opinión, va mi felicitación a Clipp, a su líder Bruno Valarezo Correa y a los valiosos profesionales que forman parte del engranaje de esta ejemplar empresa tecnológica lojana.
