Luis Pineda
La espiritualidad en tiempos de crisis actúa como una herramienta que nos proporciona fuerza interior de anclaje, reconexión y reconstrucción subjetiva frente a la incertidumbre, el dolor o la pérdida de puntos de referencia.
Las tradiciones espirituales y religiosas enfatizan pilares como la fe, la esperanza y la caridad para contrarrestar la desesperanza y el vacío existencial, por medio de los mecanismos espirituales como la oración, la meditación, el silencio y el contacto con la comunidad ofrecen calma mental y fortaleza emocional frente a circunstancias que escapan al control individual.
La verdadera vivencia espiritual no busca huir de la realidad social, sino volverse hacia los más vulnerables, conectando la fe con la acción fraterna y la justicia.
Nos ayuda el Padre Pedro Pierre en “La espiritualidad es nuestra fuerza invencible”:
“La dimensión espiritual es parte de nuestra naturaleza humana: Mora en nuestra personalidad. Es todo lo invisible que nos habita. Decía el autor de “El Principito”, Antoine de Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible para los ojos”.
Somos materia y espíritu. Somos ‘materia’ porque somos de “carne, hueso y sangre”; somos ‘espíritu’ porque la vida, el amor y la belleza son más que nosotros. ¿Nos hemos preguntado cuál es el espíritu que nos anima? ¿Será un espíritu que aprecia la vida, que se deja mover por la compasión con el que sufre o pasa necesidad, que gusta de belleza y gratitud, que está abierto a la trascendencia?
Esta espiritualidad la hemos heredado, a través de nuestros padres, de la naturaleza y del cosmos. Nuestra característica como seres humanos es que somos consciente de todo aquello. La espiritualidad es el corazón de la vida, del amor y de la belleza. Está presente en las culturas y las civilizaciones y se manifiesta en las religiones con sus signos y símbolos, sus ritos y sus cultos, sus devociones y creencias. La espiritualidad nos relaciona con la Energía vital, la Fuente original, el Misterio del universo que todo lo habita y lo anima.
Lo dijo también el papa Francisco a los Movimientos sociales: “El mundo y la creación entera aguardan con esperanza a ser liberados de la corrupción (cf. Romanos 8,18-22). Sean factores de solidaridad y esperanza para todos. ¡No se dejen corromper! … Por favor, hagan justicia juntos, pero en solidaridad con todos los marginados… La conciencia de la crisis del trabajo y de la ecología necesita traducirse en nuevos hábitos y políticas públicas. Para generar tales hábitos y leyes, necesitamos que instituciones como las de ustedes cultiven virtudes sociales que faciliten el florecimiento de una nueva solidaridad global, que nos permita escapar del individualismo y del consumismo, y que nos motiven a cuestionar los mitos de un progreso material indefinido y de un mercado sin reglas justas” (23 de noviembre de 2017). “Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial… El futuro de la humanidad está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. ¡No se achiquen! Ustedes son sembradores del cambio” (abril 12 de 2020, Santa Cruz, Bolivia)”.
